viernes, junio 26, 2009

Tres textos de Ivelisse Fonseca

El departamento de un escritor

Los largos segundos que tarda el ascensor en llegar al piso 20 constituyen un momento en sí mismo, digo, con las condiciones de producción necesarias para instalarse en la memoria como un momento constitutivo de la experiencia. Estar a punto de llegar a la casa de un escritor, en el piso 5, el 6, guarda una relación ascendente con las preguntas que se van generando mientras estamos más y más arriba. Voy a eliminar desde este punto el plural y la tercera persona. Soy yo quien subo el ascensor y me dirigo a la casa del escritor. Tipo de preguntas que se generan en mi mente: en función de qué visito al escritor en su propio departamento. Pero cada vez estoy más cerca y lo inmediato no es intentar darle respuesta a ese tipo de pregunta inabordable, sino arreglarme un poco frente a los espejos que dimensionan todos los ángulos de mis características físicas.

Me puse una pollera re cortita para verlo. Se va a morir cuando me vea. El es escritor y vive de eso. Yo trabajo de camarera en un restaurante en Palermo, pero además soy estudiante, solo que no me gano la vida como estudiante. Mi trabajo consiste de servir mesas y buscar noche a noche las estrategias para relacionarme verbalmente con analfabetas, por un lado, y aspirantes a camareros profesionales, por el otro. También, a veces intento no relacionarme en absoluto con nadie sin que esto produzca un ambiente de roces intolerable. Cuento un poco para que tengan una idea de qué se trata mi presente ya que de pronto me arrancan las ganas de que esto sea como una conversación de tú a tú. En el restaurante, las veces que hago doble turno, tenemos que estar listos a las 11am. Muchas veces se me olvida planchar mi camisa, se me olvida lavarla también. Cuando eso sucede voy corriendo al sótano donde está toda la mercadería para planchar un poco mi camisa blanca de botones con look de oficinista boba de los 90’. En el sótano hay una plancha disponible para los empleados que viven la mayor parte de su tiempo en el restaurante, por eso de los dobles turnos y de un sólo franco semanal. Yo, en comparación con los demás empleados, trabajo poco, gasto poco y me quejo muchísimo siempre. A veces la encargada nos castiga. Luego de terminado nuestro turno, por alguna molestia sintomática de su mal desarrollado carácter, nos castiga impidiendo que salgamos del lugar hasta que a ella se le pase el mal humor. He intentado abordar mediante el diálogo el tema de las medidas impositivas que rigen el funcionamiento estructural del restaurante, pero ante mis demandas y mi posicionamiento como sujeto pensante ella, la pibita de 23 años con cargo de encargada, la culicagada esa, me mira con cara de culo y me dice que si me quiero ir que me vaya. El, sin embargo, es escritor y vive de eso.

Cuando voy camino a su casa, cada vez más cerca de que me reciba en la puerta de su departamento en Puerto Madero, me asaltan una cantidad de preguntas anti afectivas hacia mi, que dejo circulando porque hago otras cosas en esos momentos como tocarme las piernas para sentirlas suaves y acomodarme el pelo para verme bonita. Dan ganas de comerlo a besos, de quedarme encerrada, no en el ascensor sino en su departamento, contra los azulejos de la pared del baño, sujetada por sus manos en mi cintura. De niña comencé escribiendo poesías patrióticas, de amor, de sexo y de muerte, lo usual. Ahora prefiero exclusivamente el sexo y la muerte.

Instalada en ese intersticio que sube hacia el piso 20 me arreglo un poco, sólo para evitar encontrarlo a él con la cara que traigo del mundo de afuera. Anoche, Leo, un compañero del trabajo, ayudante de cocina o algo así, me preguntó si estaba cansada, porque al terminar el turno me senté en el escalón del baño de mujeres con la frente pegada a las rodillas y las manos bordeando la cabeza. Yo, por contestarle algo le dije que sí, que sí estaba cansada. Lo que no le dije es que estaba cansada de trabajar en esa mierda de restaurante, haciendo ese tipo de tareas inútiles, llevando a cabo una existencia indefinida. Leo me recriminó que estuviera cansada y me dijo que él conocía a alguien que me podía dar un trabajo de oficinista. Pensé espetarle en el cuello la cuchillita del abridor de vino, pero no lo hice.

Hay veces que me dan ganas de quedarme a escuchar lo que hablan en alguna mesa. Los sábados al mediodía vienen siempre un grupo de cinco viejos nacidos , criados y esperando la muerte con alegría y con toda la plata en el barrio de Palermo. Se chupan cuatro y cinco botellas de vino en la tarde, casi una por cabeza, se comen un sabroso guiso y cada uno plantea al resto su reflexión política sobre la situación actual del país. Son viejos muy amables que han atravezado gran parte de la historia argentina de crisis y dictaduras del siglo XX y lo que va del XXI con la satisfacción en las manos de haber sido bien atendidos en los restaurantes frecuentados. El más viejo de todos, cada vez que va, me pide un imán para la heladera donde sale bien bonito impreso el nombre del lugar con el teléfono, para dárselo a alguien de su extendida familia. Yo le sonrío muy amablemente y le digo que se lo alcanzo ya, por no decirle: viejo, no prefiere que le meta todos los imanes por el orto de una vez?

Pero aparte de viejos solos y en grupo y viejas con viejos el restaurante se llena de familias con papá, mamá, hijo uno, hijo dos, hijo tres, y a veces se juntan dos familias en una. Me produce mucha ansiedad esta última escena, la de las dos familias que se juntan para comer y compartir un rato en el restaurante. Yo siempre veo cosas extrañas como que papá de la familia del grupo dos, por ejemplo, está rescostado contra la pared, aburridísimo toda la tarde, sin darle pelota en lo absoluto a la mamá que le corresponde a ese mismo grupo pero mirando de reojo a mamá del primer grupo, que es notablemente un encanto y unos años más joven. Mientras, papá del primer grupo me mira a mí sin disimulo y yo, al sentirme un poco aturdida por la situación, agarro y le hago gracia a los chicos pero ellos me devuelven un gesto hostil aprendido mediante prácticas de enseñanza intra familiares y me dan ganas de mandar a los pibitos a la concha de su madre pero mamá del grupo dos me está mirando.

Una vez leí un texto titulado Los Empleados, donde el autor se metía etnográficamente en ese mundo oscuro de los empleados de oficina y de la ciudad de principios del siglo XX, produciendo un análisis ejemplar sobre las características de esta nueva categoría de trabajadores, en base a teorías sobre los modos de cosificación de la conciencia. Creo que al autor le preocupaba saber cómo esta masa de gente le daba sentido a sus vidas. A mí se me quedó en la cabeza una imagen descrita en este libro, que el autor introduce como efecto de una comparación entre las formas de trabajo en las oficinas y de las fábricas en el periodo de desarrollo industrial, que cuenta que, ante la falta de estímulo sobre la actividad del pensamiento en los espacios de trabajo constituidos bajo la lógica del sistema de producción capitalista, los empleados varones empleaban su energía mental en una serie de cosas insignificantes que no recuerdo, y las mujeres, por su parte, soñaban con sus príncipes de las novelas rosas, mientras la máquina corría incesante. A mí me pasa algo parecido, mientras sirvo un vino o fagino los cubiertos, pienso en lo que hicimos con el escritor la última vez que nos vimos y en lo que quiero que hagamos la próxima vez que visite su departamento.

No sé por qué le dicen Grillo

No sé por qué le dicen Grillo, capaz que cuando chico se la pasaba saltando y tenía otra idea del futuro, allá lejos, contento, en los tiempos de su infancia en Santiago, con campo y familia. Ahora está en la bacha, siempre está ahí, fregando ollas, platos, vasijas, cualquier cosa. Hay un hueco que separa el salón de la cocina, ahí está Grillo, su silueta de costado, moviendo sólo las manos o sólo los dedos, parece lento, parece que inclusive no hace nada, que es mera presencia, pero lo mantiene todo al día. Por ese hueco nos sacan los platos con la comida lista, caliente, sabrosa y nosotros le devolvemos los platos por ahí mismo a Grillo cuando ya están consumidos y sucios; el mínimo pedazo de torta de chocolate, las últimas tres gotas de la gaseosa, las migas de pan, las ganas de vomitar se las dejamos a Grillo y encima también le tiramos tapitas, papeles, corchos, pelos. Todo muere ahí entre sus manos, con su silencio. Pobre Grillo, que hay que intentar saludarlo un poco más de tres veces para que responda, para que suba la cabeza hasta la mitad y uno se encuentre con sus ojos y no sepa qué hacer . Como siempre está en la bacha parece que la cabeza se le quedó colgando de frente al desague , ya no mira hacia adelante, como la gente, es Grillo.


Si supiera dibujar, dibujaría. Es una catarata. Es un invierno largo, de años largos, de congelamientos continuos. Así como pasó cuando yo estaba despierta y él era todavía una idea hasta que lo toqué y lo toqué y volví a tocarlo y estaba ahí, ahí estaba pegadito a mi cuerpo, desde el pecho, su pecho y un frío invernal afuera. Siempre se caga uno de frío, o hace uno que al otro le pase eso de pasar frío aunque no sea la intención, pero pasa. 
La camisa primero, me quito casi siempre la camisa primero, cuando su voz me llama con la sensualidad que provoca, que produce, que encierra y que lleva por todas partes inscrita como una flor o como una idea que se aprovecha de los mejores momentos para explotarlos. Yo los momentos los guardé con delicadeza para no tener que preguntar a otro por algo que era tan mío y de más nadie, inclusive lo que vino después y todo lo vivido antes de antes, pero esa ocasión, en momentos como esos cuando es invadido el lugar más ausente, inclusive eso, imaginar que es capturado ese vuelo imaginario. 
Una casa grande, construida en madera, con árboles de naranja alrededor y montañitas, cerros, gallos, gallinas y pájaros, el cielo azul, dibujaría. Me metería debajo de la cama, ahí estás, esperándome, y llueve, nos besamos, y el lápiz sobre papel, sobre la cama, se moja y se destruye. Pero ese beso se prolonga, se intensifica, te trae hasta aquí, y me quito lento la falda, y te me quedas mirando desarmándome. Me entrego, vos, vos, vos. La música, los cueros, el paraíso. El gallo canta en la mañana y nos despierta, es primavera.

martes, junio 23, 2009





Lo que dice Eielson en las notas al calce: poesía y anonimato
En La pasión según Sologuren
Jorge Eduardo Eielson, Perú (1924-2006)


Mi sincero y viejo amor al anonimato no creo que pueda ser desmentido por algunas apariciones a través de los mass-media limeños, latinoamericanos o, más raramente, europeos. Sucede simplemente que una parte de mi existencia, la más frágil y vulnerable, no puede prescindir de su sustento. Aparecer de vez en cuando—como el lobo deja su guarida para buscar alimento—es la única concesión que me permito para poder proseguir mi trabajo. Admiro demasiado a los tejedores de Paracas, Huari o Chancay, o a los ceramistas de Nazca y Chapín, a los escultores Gabón, Baulé o Senufo, a los primitivos sieneses, a los calígrafos zen, a los escultores cicládicos, dóricos y olmeca, a los arquitectos egipcios, a los artistas de Altamira y de Lascaux, a los pintores mayas, chinos o etruscos, porque creo que es sobre todo a ellos que les debemos lo que somos, o sea a nuestros anónimos ancestros, a quienes plasmaron para siempre nuestra verdadera identidad. Es con el auge, cada vez mayor, del culto a la personalidad (que nace sobre todo en Grecia y se difunde en el Renacimiento), al nombre, a la firma, al autor, que comienza la declinación de la creatividad en las artes propiamente dichas. Y si a esta declinación agregamos la más completa comercialización de los objetos artísticos que registra la historia, obra de la sociedad capitalista avanzada, bien se puede decir que la muerte del arte-preconizada por Hegel y sus seguidores-está ya en acto. Las ideas de Walter Benjamín acerca de la difusión-o disolución, de la sensibilidad estética en el ámbito social (arquitectura, design, moda, publicidad, etc.) que sería otra forma, más benigna de la “muerte del arte”, desgraciadamente se han revelado, si no erróneas, imprecisas. En efecto la crisis del design y de la arquitectura contemporánea—que son las columnas mayores de dicha postura— no han hecho sino acelerar un proceso que parece irreversible. En esta situación, defender el anonimato, aunque sea parcialmente, puede ser una modesta contribución a favor del arte, de la poesía, de la verdadera imagen del hombre, antes de su definitiva alienación.


La imagen la tomé prestada del blog de Roberto Orihuela: aquí
poema otro objeto
otro objeto poema
objeto poema otro

Fragmentos de ¿Para qué la lírica hoy?

Hilde Domin (Alemania, 1909-2006)
En El poeta y su trabajo/16
Traductor Juan Fabers


El peligro se llama “cosificación”, metamorfosis en cosa, en algo manipulable: pérdida de nosotros mismos. 

*

El lírico ofrece algo a los hombres que no sirve a su vez sólo de preparación para otra cosa: lo “inútil” y al mismo tiempo “irrenunciable”, como lo hemos definido, lo que en verdad importa. 

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El lírico mismo no es un ejemplo: él hace visible lo ejemplar en el caso singular: su “modelo”, su necesidad interna.

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El poeta es una abreviatura de la humanidad, dicho con la última formulación la de Lukács.

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De ahí que el autoencuentro del lírico es a la vez único y modelo del encuentro en general: con los otros, con la realidad. Momento de irrecuperable, tiempo fuera del tiempo.

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La comunicación de lo no –o apenas—comunicable: ésta es, pues, la tarea del lírico. Pero cuando es utilizado, ya no es “su” poema. Ya no se trata de su autoencuentro, sino del autoencuentro con los otros, a quienes el poema ayuda para ello: se trata del encuentro de estos otros con sus propia experiencia. 

*

La experiencia nominada se enfrenta al hombre como algo objetivo y se realiza de modo nuevo: como lo más propio que sin embargo acontece a los otros, que lo une con la humanidad en vez de separarlo. 

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Para el autor es natural, el poema sigue siendo una parte de su biografía, como el momento de la suprema identidad consigo mismo que es, al mismo tiempo, la suprema autodesposición; para cada uno sigue siendo una parte de la vida vivida (eso vale para el lector y para el autor, para todos, aunque también el autor podría leerlo alguna vez de manera nueva y sorprendente). 

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El poema no es retrovertible a la circunstancia vital llena de casualidades de cuya separación precisamente surgió.

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El poema es un artículo de uso de tipo particular. Se utiliza, pero no se consume como otros artículos de uso, en los que todo utilizar encierra en sí el consumo y el agotamiento. Al contrario es una de aquellas cosas que como el cuerpo de los amantes florecen y crecen propiamente en la no conservación. Experiencias configuradas nuevamente, asociaciones que devienen disponibles incremental al poema incesantemente y lo multiplican, lo profundizan y lo amplían. según las necesidades de sus usuarios. 

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Así como no se puede designar el poema como un objeto de uso cotidiano, sino que es un objeto completamente especial, así tampoco se lo puede designar como máquina, tal como ocurre con frecuencia. En último caso se podría comparar con un Perpetuum Mobile. La máquina no tiene ningún movimiento en sí, está liberada a alguien que le da vida. Pero el poema, la “realidad más real” configurada, tiene un movimiento propio: éste se mantiene, en principio, ilimitadamente. No es previsible si o cuándo y por cuánto tiempo es activo: después de siglos puede volverse súbitamente virulento. (Nota al calce 9)

*

De ahí que el poema sea un “artículo mágico de uso”, algo así como un zapato que se acomoda a cada pie, sin el que no podría seguir el camino hacia lo intransitable, el camino hacia aquellos momentos en los que el hombre es realmente idéntico consigo mismo. 

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Hay que decir hasta la saciedad que el arte vive del valor. Pero sobre todo la poesía que no puede disculparse, sino que tiene que inmiscuirse. 

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El camino inverso no es camino. “Quería hablar por todos y no pude hablar por mí”, lamenta uno de nuestros líricos más jóvenes, y esta experiencia, a su vez, esta queja muy personal se convierte inmediatamente en algo paradigmático: apenas la ha expresado, apenas ha renunciado a hablar por los otros, y ya habla también por ellos. Esa es la dialéctica interior de la poesía en la que no hay nada sin su contraparte, y en la que no se puede “querer” nada y no se debe renunciar a todo, excepto al valor para la veracidad. 

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Pues el lírico no puede permitirse timidez, no puede acomodarse a las expectaciones ni negar ni castrar su experiencia (sus “sueños” son parte de esta experiencia). Tiene que tener oídos sordos para la palabra dicha al oído “neutral”.

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El hombre mismo no puede ni debe ser neutral, no es un objeto de objetos. No es ningún sillar que se puede utilizar a voluntad. Aquí tenemos, de modo plenamente concreto, la amenaza que “nadie refiere a sí mismo”, la cosificación. Es una de sus muchas formas. El hombre debe negarse a ser “conformista de antemano” por el camino de su transformación en aparato. La palabra “neutral” no tiene aplicación alguna en lo humano. Y mucho menos en el arte. Y absolutamente nada en la lírica. La lírica es lo antineutral por excelencia. 


jueves, junio 18, 2009

La pipa (1868)

Ayer encontré mi pipa al soñar con una larga velada de trabajo, de hermoso trabajo de invierno. Arrojados los cigarrillos con todas las alegrías infantiles del verano en el pasado que iluminan las azules hojas de sol, las muselinas, y vuelta a coger mi grave pipa por un hombre serio que quiere fumar largo rato sin molestarse, a fin de trabajar mejor; pero no esperaba la sorpresa que preparaba esta abandonada; apenas libros por hacer; maravillado, enternecido, respiré el último invierno que volvía. No había tocado a la fiel amiga desde mi regreso a Francia, y todo Londres, el Londres que había vivido completo para mí solo, hace un año, se me apareció; primero, las amadas nieblas que arroparon nuestros cerebros y tienen, allá lejos, un aroma propio cuando penetran por la ventana. Mi tabaco olía a una habitación oscura de muebles de cuero espolvoreados con carbón, en los cuales se desperezaba el flaco gato negro; ¡los grandes fuegos! y la criada con los brazos rojos echando carbones y el ruido de esos carbones cayendo del cubo de lata a la canastilla de hierro, por la mañana -¡mientras el cartero daba el doble aldabonazo solemne que me hacía vivir! He vuelto a ver por las ventanas esos árboles enfermos de la 'square' desierta -he visto la alta mar, tan a menudo atravesada este invierno, tiritando sobre la cubierta del 'steamer' mojada de bruma y negra de humo- con mi pobre bien amada errante, en traje de viajera, un largo vestido apagado color del polvo de los caminos, un manto que se adhería húmedo en sus hombros fríos, uno de aquellos sombreros de paja sin pluma y casi sin cintas que las damas ricas tiran al llegar, tan deteriorados quedan por el aire marino, y que las pobres bien amadas vuelven a adornar aún por muchas temporadas. En torno a su cuello lucía el terrible pañuelo que uno agita al decir adiós para siempre.

Stéphane Mallarmé
Traducción parecida a la de Gregorio Martínez Sierra (1907) aunque revisada. Traductor desconocido.
Los nombres de un gato

Darles nombre a los gatos es tarea difícil,
No es solamente un juego de día feriado;
Se te puede ocurrir que estoy más loco que un sombrerero
cuando te digo, un gato debe tener tres nombres diferentes.
Primero, está el nombre que la familia usa a diario,
tales como Pedro, Augusto, Alonso, Jaime,
así como Víctor o Jonathan, Jorge o Bill Bailey-
Todos ellos nombres sensibles a lo cotidiano.
También hay nombres prolijos si piensas que suenan más dulces,
algunos para los caballeros, otros para las damas:
Así como Plato, Admetus, Electra, Demetrio,
todos ellos nombres sensibles a lo cotidiano.
Pero esto sí te digo, un gato necesita un nombre particular,
un nombre que sea peculiar, y que dignifique,
de qué otro modo puede mantener su cola tan perpendicular,
o sacudir sus bigotes, o adular su altivez,
de nombres de este tipo, te puedo dar un quórum,
como Munkustrap, Quaxo, o Coricopat
como Bombalurina, o Jellylorum—
Nombres que nunca pertenecen a más de un gato.
Pero sobretodo aún queda un nombre
y éste es el nombre que nunca adivinarás;
El nombre que ningún investigador humano puede descubrir—
Pero el gato lo sabe, y no lo confesará.
Cuando notes a un gato en profunda meditación,
la razón, te la diré, es siempre la misma:
Su mente está absorta en la contemplación cautivante
del pensamiento, del pensamiento, del pensamiento de su nombre:
.............Su inefable efable
.............Efaninefable
Profundo e incrustable Nombre singular.



The naming of Cats. T.S. Eliot
Mi traducción


lunes, mayo 25, 2009

El Gran Cocoroco dice: "mierda, mierda, mierda"

Francisco Ayala, intelectual español que llegó a Puerto Rico después de haber estado en Buenos Aires, donde compartió con la generación de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, entre otros, fue quien en los 50’ fundó junto con Jaime Benítez la revista La Torre, de la Universidad de Puerto Rico. Poco sabía de él hasta este momento en que leo la edición homenaje que le dedicó La Torre en el 2008, al cuidado de Iris M. Zavala y Jan Martínez. Han sido muchos los datos que me han sorprendido sobre este profesor que se menciona tan escasamente en los círculos contemporáneos. Uno de los que más me llamó la atención es que fue Ayala quien llevó los primeros textos de Cortázar a la revista Realidad, fue también quien le encargó la traducción de los cuentos de Edgar Allan Poe que publicó la Editorial de la Universidad de Puerto Rico en el 1956. Aquí, un fragmento de la entrevista con Armando Núñez Miranda que aparece al principio de la edición y que ofrece valiosa información sobre los recitales del autor del Tuntún:

 Evidentemente usted conoció a Luis Palés Matos.

 -Sí. ¡Qué personalidad! Interesantísimo. Cuando empezaba a recitar uno de sus poemas, rellenaba las partes que no recordaba con las palabras “mierda, mierda, mierda”. 

martes, mayo 19, 2009





Películas al aire libre en el patio de mi casa que no es particular, cuando llueve se moja, como los demás*. La última fue Knife in the Water, de Polanski (1962, 16mm). La próxima será de Maya Deren (Meshes of the afternoon, 1943, y Ritual in transfigured time, 1946). Me gusta tirarme en el césped a ver películas que llegan a mi casa con el aura de los rieles. La noche estuvo fría pero nos cobijamos e hicimos un nido de calor humano y altos niveles de alcohol. Nunca fui girl scout**, aunque conozco ese sabor a marshmallow en las ganas, sabor a sínger que cose imágenes*** en vez de vestidos. 

*Make Cats Not War
** Ver el poemario Girl Scout Nation, de Yedda Morrison. Edición del "Donezo" Whitener, alías el roomie. 

***Imágenes de Joshua Yumibe

lunes, mayo 18, 2009

El niño que yo era
se extravió en el bosque
y ahora el bosque tiene mi edad.


En La nueva novela
Juan Luis Martínez
Chile: 1977, 1985

miércoles, mayo 06, 2009

La luna sumergida: recuento crítico sobre la poesía de José María Lima

Portada
Especial par En Rojo

Escritores tales como José Emilio González, Lilliana Ramos Collado, Áurea María Sotomayor, Vanesa Droz, Rafael Acevedo y Joserramón Melendes, entre otros, incluyendo al premio Nóbel, Juan Ramón Jiménez, han reconocido y, en el mejor de los casos, han valorado críticamente la obra de Lima.

La importancia de la obra de Lima en el catálogo de la literatura puertorriqueña es irrefutable. Sin embargo, a más de 25 años de la publicación de La sílaba en la piel, no existe un corpus cuantioso de crítica ni de estudios sobre el escritor.

Aun así, es preciso mencionar que las reseñas y artículos en relación con la obra del autor, a manos del puñado de personalidades citadas, contienen material valioso y acercamientos profundos de relevancia para la valoración de la obra de Lima. La mayoría de estos artículos y ensayos fueron escritos en el año de la publicación del texto, o al siguiente.

Parece ser que Vanesa Droz fue quien escribió para El Mundo la primera nota sobre el libro en noviembre de 1982. [i] En la misma, la escritora afirma que la pieza de Lima es “su presentación frontal y coherente” en las letras puertorriqueñas. Como característica del texto, la autora de La cicatriz a medias (Editorial Cultural, 1982) señala que el poemario trasluce una “fecunda relación entre autor y editor”.

En diciembre del mismo año, dos breves estudios selectos se publican en la Isla. “Apuntes sin t(j)erminar” , de Joserramón Melendes, editor del texto, se publica en la revista Reintegro, mientras “Sobre La sílaba en la piel”, de José Emilio González, se divulga en el periódico Claridad. [ii]

El escrito de González es el primero, sin contar los de Melendes, que se detiene a analizar con más profundidad el texto. En éste, González, quien se doctoró en la Universidad de Sorbona, en París, con una tesis sobre la poesía puertorriqueña de 1930 a 1960, escrita originalmente en francés, y que ha sido publicada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, hace ocho señalamientos críticos de la obra de Lima. Algunos de éstos son: la imagen como componente esencial en la construcción del poema y como microcosmos poético; primacía del recurso poético de la sinécdoque; lo plástico y lo sensorial como atributos del texto; la seriación de imágenes (asimetrismo y desbalance); imágenes como poemas diminutos, y riqueza lingüística. También, el fenecido catedrático subraya las influencias del poeta, mencionando a Vallejo, Neruda, André Bretón, Borges, T. S. Elliot, Julia de Burgos y Roque Dalton, situándolo como escritor influido por la corriente existencialista de Sastre y Camus. Otra anotación relevante en torno al escrito es que su autor supo percibir el motivo del disfraz del mundo esencialmente dramático de Lima.

En el 1983, dos importantes estudios se publican sobre el particular. Las poetas y académicas, Lilliana Ramos Collado y Áurea María Sotomayor, publican sus valoraciones literarias del texto de Lima en revistas de la época.[iii]

Ramos Collado destaca el carácter plástico del texto, comparando su publicación al acto de develar una hermosa estatua. Sumado a esto, concibe la pieza como seis poemarios en uno.

Por otra parte, Sotomayor, quien escribe el texto crítico, Las tácticas de la sorpresa, para su libro de literatura puertorriqueña Hilo de Aracne, redacta un estudio minucioso sobresaliente con relación al poeta y su obra. En el mismo, la autora de La gula de la tinta (Postdata, 1993), señala que La sílaba en la piel es una obra que “vence la epidemia de la desmemoria” y lo describe como el “testimonio poético lúcido” de un vidente, ajedrecista y dibujante.

Además, otra gran aportación de Sotomayor es afirmar que Lima es “el primer poeta puertorriqueño que internaliza la lección vallejiana a nivel estilístico”. La enumeración de los deícticos, las personificaciones, la nominalización de adverbios y adjetivos, los diminutivos de valor afectivo, el uso del apóstrofe, y el estilo diagonal son algunos de los atributos gramático-estilísticos que advierte Sotomayor en la poesía de Lima como consecuencia de la influencia del autor de Trilce (1922).

Desde entonces, han sido pocos los acercamientos a La sílaba en la piel. Durante la década del 90, cabe mencionar la entrevista que le hiciera Rafael Acevedo para este suplemento cultural (Claridad, 1996), en la cual Lima comenta acerca de su estilo: “Entre el significado y el ritmo, cuando hay que sacrificar algo, siempre, casi siempre, sacrifico el significado. Yo sé que queda por ahí y vuelve a aflorar en algún momento, en otro poema”.

Tras la publicación de Rendijas, en el 2001, Jan Martínez, quien fungió como editor de la edición antes mencionada, ha publicado dos escritos: “José María Lima, poeta surrealista” y “Mito, conflicto y utopía en la obra poética de José María Lima”[iv]. También, se ha anunciado la publicación del libro Lógicas del extravío: Anatomía existencial en la obra poética de José María Lima (Ediciones Puerto) de Zoé Jiménez Corretjer, también profesora de la Universidad de Puerto Rico.

Uno de los asuntos más relevantes del quehacer crítico es vincular al poeta con un estilo generacional y/o movimiento literario. Para Melendes, editor del texto de 1982 y, quizás, el estudioso que más conoce sobre Lima, el poeta es:

(…) el mejor dotado para la banguardia entre los nombres polares de Hugo Margenat, Jaime Vélez i Luis Antonio Rosario; con quienes teje ese ilo de Ariadna entre la alta Jenerasión del 30’ licuada su secuela por 20 años de muñosimo, i la dura expresión sesentista que cunde asta nosotros.[v]

Sin embargo, Lima comenta en entrevista con Acevedo: “Yo les daba los poemas a los amigos, pero nunca coincidí con la gente de mi generación, digamos. No conocí a Hugo Margenat, aunque él me llevaba sólo un año. Ni a Jaime Carrero”. Lima se percibe a sí mismo distante de la escena generacional que lo vincula a estos poetas. Por otro lado, para Martínez, Lima es un “gran continuador de la tradición vanguardista, en particular de su modalidad surrealista”, definición que coloca al matemático en una especie de transición literaria, o neo-vanguardia. Sumado a estos criterios, según Sotomayor, fue en la década del 60 que la poesía lírico-social de Lima pudo haber tenido resonancia. Era la época de la revista Guajana (1962), pero esta posibilidad quedó opacada, según la también poeta, por los problemas políticos que, en aquel entonces, tenía el escritor.

Con Lima, se da el interesante fenómeno de una obra poética fragmentada no sólo en contenido sino en vínculos con las tradiciones literarias, lo cual para mí es una cualidad saludable, pues el afán archivista se reduce, en muchos casos, a una práctica de mercado. Sin embargo, en el panorama de la literatura puertorriqueña, me parece que no existe un escritor más afín ideológicamente a los intelectuales caribeños tales como Derek Walcott (1930, Santa Lucía), Aimé Césaire (1913-2008, Martinica) y Frantz Fanon (1925-1961, Martinica) que el poeta José María Lima, como supo atisbar José Emilio González, cuando vinculó a Lima con Sartre y Camus. En conjunto con Césaire, José María Lima crea un discurso que genera un concepto del “ser”, del sujeto anticolonial y un pensamiento crítico sobre la cosificación de las relaciones humanas.

En su ensayo Camus and the French Imperial Resistance[vi], el escritor Edward Said habla de la importancia de la literatura de Camus en relación con la experiencia colonial. Para Said, “Camus is particularly important in the ugly colonial turbulance of France’s twentieth-century decolonizing travail” (172). La obra de Camus, caracterizada por la confrontación existencial, se presta para debates acerca de la cultura y el imperialismo.

En medio de las luchas por decolonizar el fragmentado archipiélago caribeño, el existencialismo fungió como uno de los modelos filosóficos mediante los cuales los intelectuales caribeños se cuestionaron la colonización, así como la expansión imperealista. Como Césaire, Frantz Fanon reflexionó sobre la fragmentación en los procesos poscoloniales de los países caribeños. En su ensayo The Pitfalls of National Consciousness[vii], Fanon también utiliza el concepto de la fragmetación para explicar que, tras el proceso de decolonización, el concepto de nación está lleno de grietas, pues se construye a base de fragmentos.

Otra conexión interesante que se puede trazar entre la obra de José María Lima y la literatura latinoamericana tiene que ver con el perfil del artista interdisciplinario, marxista, escribiendo desde las democracias tempranas en Latinoamérica que van de la mano del neoliberalismo. En el mercado literario de las décadas del 60 y 70 las motivaciones para traducir en los Estados Unidos a los poetas de Europa del Este (Broadsky, Herbert) estaban directamente vinculadas a la ideología occidental predominante (como por ejemplo, la premisa ideologizada de que había que darles voz a los poetas en la Unión Soviética que sufrían “los estragos del socialismo”). En Latinoamérica, puede examinarse un fenómeno opuesto cuando el poder hegemónico promovía diversas campañas anti-socialistas. Pienso en José María Lima, en Puerto Rico, y en Juan Luis Martínez, en Chile (Ver La nueva novela). Desde una perspectiva trasatlántica, Lima puede ser leído también como un intelectual que, como el poeta español Leopoldo María Panero, nos ayuda a pensar la relación entre institución y locura, entre estética y política.


Quiero cerrar este breve recuento crítico con las palabras de Lima, compartidas durante una conversación que tuvimos en el 2005, en relación con el poemario La sílaba en la piel: La casa es la frontera, depositaria de cicatrices, éste es un libro de cosas que le han pasado a uno…es una pared…es una esquela…hay otro que se parece a ese poema (Dispuse las distancias a tiro) …es sobre el laberinto…a ver si lo encuentro…es sobre el laberinto…laberinto asesinado que le tapan todos sus recovecos… porque el poeta quiere vivir el laberinto, pero cuando le matan a uno un laberinto…pues”.

A la memoria del poeta, y su laberinto.



[i] Vanesa Droz, “Ahora: José María Lima”. MPR 14 Nov 1982: 6-B.

[ii] José Emilio González. “Sobre ‘La sílaba en la piel’ de José María Lima”. Claridad. [San Juan, PR] 25-1 Dic 1982: En Rojo 16-17.

[iii] Lilliana Ramos, “Sobre José María Lima, ‘La sílaba en la piel’”. Sin nombre. [San Juan, PR] Julio-sept 1983: 88-91.; Áurea María Sotomayor, “Las tácticas de la sorpresa”, Plural, Revista de Colegios Reginales de la Universidad de Puerto Rico. Enero-Jun. 1983: 217-225

[iv] Jan Martínez, “José María Lima, poeta surrealista”. Revista del Instituto de Cultura. [San Juan, PR] Enero-Jun 2002: 18-25.

--“Mito, conflicto y utopía en la obra poética de José María Lima”. Torre:Revista de la UPR. Abril-Jun. 2002: 167-208.

[v] Lima, Qease, contraportada.

[vi] Edward Said. Culture and Imperialism. Vintage Books. New York, 1994.

[vii] Frantz Fanon. The Wretched of the Earth. Grove Press, NY, 1963.

Nota: El verso ‘La luna sumergida’, en el título, pertenece al poema “Hay un río de claridades acentuadas”.

En: http://claridadpuertorico.com/content/view/403924/32/

viernes, mayo 01, 2009

Extra. Extra. A pig is playing the archangel' trump

no other end of the world there will be
Czeslaw Milosz

y es entonces cuando se les descubre
el trasero a los médicos que sólo estudian
medicina por la corbata y las vacaciones en Cancún

las fronteras se llenan de emergencias sin vocación
los sinónimos para egoísmo se reproducen
y los mosquitos reclaman haber ocasionado otras pandemias
hoy olvidadas en llantas sin vacunar

volar es un acto heroico:
besar a la madre antes de la alerta seis
y regresar al camino angosto que da al estacionamiento
que da al trabajo

y como los microscopios se quedaron mudos
los epidemiólogos han comenzado a buscar pócimas
en los versos y se interesan por las retóricas eslavas

se vuela a[…]sobre la[…]entre la pandemia
un cerdo es un chancho es un lechón un puerco
que salta la verja
y entonces
los mercaderes pueden
bostezar sin taparse el sueño

(extraditar es el purgatorio de los vivos)

yo he aterrizado tantas veces
y nunca pensé en traficar conmigo
en mis pulmones en las células muertas de mis manos
una crisis mundial

un catarro –flash!—
una colmena deshecha –flash!—
un aguacero de lluvia ácida –flash!—

y en portada de espectáculos,
un marranito tocando una trompeta


En: poesía sin tapabocas

viernes, abril 24, 2009

 José María Lima


aférrate al olvido
recordando tus muertos
acércate a la muerte de tus vivos
atisba por los labios
hasta el diente

veo-caso concreto-
José Maria Lima

Esta semana falleció el poeta José María Lima. Mi más sentido pésame a todos, especialmente a los familiares, sus hijos Yeyo y Rosa Lina Lima, su nieta Mariana Lima, y todos los demás allegados.

Adjunto este homenaje escrito por Yara Liceaga y publicado hoy en el Nuevo Día, antes de conocer sobre el deceso.


Acompaño a todos en el dolor ante esta inmensa pérdida,
Mara


24-ABRIL-2009 | YARA LICEAGA
BUSCAPIÉ
José María
Volvía la cadencia entrecortada de su andar mientras de la mano parecía surgirle un carrito como los que usan los niños para la escuela, repleto de libros. Desde la base hasta el mango, sujetados por la clásica cuerda elástica, descansaban páginas y páginas que pronto regresarían a sus dedos, al confort de su rincón predilecto de lectura.

Eso pasaba cada vez que retornaba a actualizar el préstamo a la biblioteca. Verlo acercarse causaba pavor en los estudiantes asistentes que atendían el área de Circulación, que se dispersaban algunos al depósito, otros al baño, otros a la oficina de la Directora y otros a conversar con el público que ya habían atendido, como si una diminuta gota de detergente depositara una nueva claridad abriendo sobre el agua una aureola de grasa.

En el 1997, todavía los enredos en la tecnologización de los servicios bibliotecarios sufrían graves recaídas, y sólo los libros más recientes estaban entrados al sistema con la novedosa pegatina de barras para el ‘scanner’. No estaba todo al alcance de un click.

Era lógico que tanto libro sólo podía manejarlo la preñá, que podía sentarse y, libro por libro, actualizar en el sistema el préstamo entrando el número de profesor, verificando el status, firmando cada tarjeta y ponchando una fecha nueva de entrega.

No bien entró el número de profesor, la criatura en el vientre de la asistente sintió el fogonazo, registrando patadas y brazadas que podían avisarse sobre la camisa. Lima, José María, revelaba la pantalla.

¿Es usted el de “La sílaba en la piel”? preguntó la criatura a través de los labios de la madre, haciéndola recordar lo difícil que había resultado conseguir en forma de libro aquella filigrana que se convertía en poemario no más acariciarla de mirada. Dibujó un delicado autógrafo sobre el aire: tomó todo lo que era y lo depositó sobre sus ojos, grabando a la dura madera de la memoria un carapacho sobre sus hombros. Guardose humildemente.

Madurando su propia dermis, la criatura reconoció lo que fuera de su propio carapacho de carne y líquido amniótico buscara con intensidad: sin flashes, sin grabadoras, sin presentaciones o conversatorios: la palabra en su forma más pura: el escritor.

La autora es escritora.


Otros enlaces

Acevedo, Rafael. “Quiero pistas, Señora, no sea que me asuste” (Entrevista a José María Lima). San Juan: Claridad. 22-28 de noviembre, 1996: 15-17

Martínez, Jan. “José María Lima, poeta surrealista”. Revista del Instituto de Cultura. San Juan, PR: Enero-Jun 2002: 18-25.

Lima, José María. La sílaba en la piel. Río Piedras: Qease, 1982: 13

http://nicolececilia.blogspot.com/search?q=josé+maría+lima

jueves, abril 23, 2009

Anotaciones candadas

"la muerte se posa desnuda en mi sombra" 
Pizarnik

Mary Ruefle en " A little white shadow" hace algo que va encontra de la ruina, de la citabilidad benjaminiana...

Si la ruina es el texto, qué tipo de cita es el poema hecho del borronazo. Se contiene nada en la cita. 

Lo importante es la pequeña sombra blanca. 

Como el espacio, las corchetas, los abismos que deja Anne Carson en la traducción de los fragmentos de Safo. 

Una vez te quedaste con un candado nuevo y perdiste las llaves, 

nombrar el vacío con una "U". 

Reporte: El museo Trotsky
A Rafah A.
Verano 2008
México, D.F

El museo Trotsky queda en la avenida Churubusco. Crucé un puente y tuve vértigo. Todo desembocó en estornudos descontrolados. El museo comienza con una galería de fotos. Un círculo lleno de trotskys en distintos momentos de su vida da la bienvenida a la sala. El patio de la casa tiene banquitos y arbustos pequeños. Aún conservan los gallineros de Trotsky pero ya no tiene gallinas. En él hay un placa en recordación del guardaespaldas gringo que traicionó a Trotsky abriéndoles la única puerta de la casa a los pintores liderados por Siqueiros que intentaron asesinarlo por primera vez. La placa lee: "In Memory of Robert Sheldon Harte, 1915-1940, Murdered by Stalin." Según supe, el mismo Trotsky comisionó la placa, cuando dos semanas después del intento de asesinato encontraron el cadáver de Sheldon. El único que salió herido aquella vez fue el nieto de Trotsky, con un balazo en el pie. La casa es pequeña y sencilla. Del estudio de Trotsky me encantó ver los cilindros y los rodillos de cera del ediphone original, en los que grababa y almacenaba los textos. Qué instrumento tan raro para pensarlo como artefacto de uso doméstico. Me molesta un busto gigante de Trotsky en la misma sala. Me molestan los bustos. La pared de la casa tiene los balazos del primer atentado. En la mesa del estudio tienen un piolet (hacha de hielo) similar  al que usó Mercader cuando mató a Trotsky. El tal Mercader para matar a Trotsky fingió un romance con una de las seguidoras más cercanas del grupo. ¿La habrá engañado o se habrá enamorado realmente de la chica? En las citas al pie de las fotos de Trotsky con Diego Rivera hacían alusiones oblicuas a la trama afectuosa que los separó, tales cómo “después del rompimiento entre Diego Rivera y Leon Trostky…”, sin nunca dar detalles. La omisión corresponde al tono institucional de los museos que de alguna manera reproduce las prácticas de los discursos históricos tradicionales. Aunque me gustó mucho el museo y la galería de fotos, algunas, las que se prestan mejor para la construcción del héroe político, como del Trotsky alimentando las gallinas, se repiten innecesariamente. También, Natalia, la viuda, vivió veinte años tras la muerte de su esposo y sin embargo casi nada hay sobre ella, o sobre lo que hizo políticamente en esos años. Además de todo lo relacionado a Trotsky, había una sala galería al comienzo del museo, con pinturas naturalistas nada interesantes.

martes, abril 21, 2009

“‘Poema a los 20 años’, del 1975, tiene un material interesante para un documento jenerasional desde el punto de vista de la clase sosial en qe el autor parese aber cresido, pero para ser tal documento nesesita más objetividá, lima de detayes intrasendentes, así como la incorporasión de otros ebidentes: El poema es una narrasión podría ser una épica” (278)

Así critica Ché Melendes en el 1978 el poema de Abreu. Quizás es un mero asunto de distancia histórica que yo perciba la “objetividá” que él reclama en el tratado de la mercancía, el culto al “mahon azul” (jean), disfrazado de humor infantil:

Ya los mahones azules
comienzan a cobrar una
mayor importancia
y mamá tiene que perseguirme
para que
...............me los quite
y así poder lavarlos.

O la mirada distante a la farándula, la duda al discurso histórico como huella “jenerasional” en:

Matan a John Kennedy
y me enfermo con asma
(jamás he entendido el simbolismo)

Y esa mirada sardónica a las instituciones que perpetúan memoria, los museos, los periódicos-como en el pasaje en que el narrador es un turista con su familia en el mausoleo de Lenin:

Y no puedo evitar
pensar en los animales
...................disecados
del Museo de Ciencias Naturales
de Nueva York
ni de las leyendas vulgares
sobre las momias egipcias.

La canción deja su rastro, pero no como en el poema a Janis Joplin de Pizarnik sino como una nube de nombres antes de la muerte, esos ataúdes (  ¿acaso la guerra, la revolución?). Aquí, el poeta dice:

.....................por ese tiempo

Timothy Leary
...................Mick Jagger
Jim Morrison
.................. John Sebastian
Janis Joplin
.................. Jimi Hendrix

Entonces se aglomeran
a la puerta de mi casa
ataúdes fosforescentes
llenos de utopías escarchadas.

El narrador habla del evento (Mayo del 68) con trascendencia, y de nuestro fracaso, "Neil Amstrong le ultrajó la luna a los poetas" o cómo el hombre dejó de cuestionarse la marea. Un astronauta, y no un poeta, pisó la luna:

Y yo nuna he sabido
lo que pasó ese Mayo
..............en
..............París.
......se caer en los clisés.
.GUITARRA..........................VINO
................. Neil Amstrong le
.LUNA ..........ultrajó la luna
....................a los poetas...............ESTRELLAS.

Luego llega el salto, como el salto de “El árbol de diana” (“He dado el salto de mí al alba”):

Hemos saltado
................. mas
no hemos sabido
como
.........caer.

Lugar que no se puedo ocupar ni con el lenguaje, la narración o la presencia del amigo aburrido. Salto múltiple de amigo que se transforma.

Melendes pide épica y yo diría que lo interesante de este poema está en la economía del sujeto (como un epitafio que busca dar cuenta de un imposible: la vida de un individuo) y "la amistá" con el amigo aburrido y con los sujetos citados, en el paso abrupto "del caballo en el patio" a "la palabra guerrilla". Condensación de experiencia, "dasein" de los veinte.


Leía en "Poesiaoi: antolojía de la sospecha" (1978), edición de Joserramón Melendes, los poemas de Manuel Abreu (San Juan 1955 –París, 1984). Sus textos más conocidos son No todas las suecas son rubias(ICP, novela), o "LLegaron los hippies" (1978). Hoy, 21 de abril, era su natalicio, y no lo leía por esta razón, aunque a veces los ritos se descubren solos. Aquí "Poema a los veinte años" (1975):

1



















2




domingo, abril 19, 2009

henry pierrot, tu poética para cosmonautas

ha hecho nido con mi cablería
ha dejado su rastro en microchips bajo los párpados

qué pasaría sin el silbido
qué pasaría sin las cabinas al desnudo

se abren pequeñas cápsulas de memoria explotan
y se hacen otras se abren pequeñas cápsulas

algunas cosas han cambiado desde tu carta.

era verano
el tope de un volcán
me recordó superficies lunares

en la cima, un letrero que dice
prohibido predecir

nombres que nos descarnan

martes, abril 14, 2009

Los sistemas
Por Joserramón Melendes
En
La casa de la forma (sonetos i fragmentos materiales 1971-1986): 110, 164

Sujeto, objeto mueren indefinidos;
nase el mundo subjetobjeto único;
muerto gigante el mundo bibo en marcha:

(mar)-sementerio de ríos que son semiyas:
sementera, jardín, jermen, latido;
enjambre de latidos jerminando
latidos, las resacas sus reflejos:

el esqeleto del mundo. Mil tentáculos
de agua apresando el aire, su alimento;
caja ósea del agua en el cuerpo del aire,
éter—cuerpo de siembra— nabegándolo,

nada el agua en el aire. Trasparente
resbala entre, por, sobre la duresa.

..........(estrambote)

Congelados pescados en su espejo
sircular interior: rebotes trájicos,
estrugturados, perfectos, canselantes.

(De borde en una bida suculenta
conjugando peldaños, reprochando orasiones,
tejiendo bitaminas, añadiéndole al aire
su espasio más lejano i sedusiente,

comprando el esqeleto y su presajio
cuadro a cuadro como se asfixia un rei
o se come un jinete el yano entrante
o se sierran los ojos, aun espera:

así abeses el aire se consentra
de tal suerte qe su apretón de manos
nos deja boqiabiertas las costiyas,
sitiados en un sitio que no existe;

así también rejeneran las sélulas
su portátil arbusto, la montaña
se asienta: Todo es cayo.)


(Poema por enumeración)


Me fui a las sinco
Me e jalado tres puñetas.
Solo pasé unos ocho poemas.
La antolojía se sige retrasando.

No e escrito las tres cartas, ni preparado los sinco paqetes, ni cobrado las cuentas, ni
bendido al gobierno.

Sé, por un descanso, qe con cualqier número se puede espresar la totalidá de los números dada la matemática,
pero no me leí más El Capital
ni arreglé los ensayos de teoría literaria.
Me boi
porqe no sé qé aser aqí
sin ambre i sin comida
sin amor i sin ganas.
Yegaré a otra rutina.





ana
cró
nica
































(Oprimir imagen para agrandar)
Fragmento de Los perturbados entre lilas
Obra de teatro de Alejandra Pizarnik, 1969

lunes, abril 13, 2009

Mary Ruefle, A Little White Shadow (2006)

























Lo rescatado de un poema del 2006 condenado a la hoguera

Érase un poema en una mujer huntado

Era toda la profundidad en una línea viscosa

Mi coordenada es hiedra




"sola como un astronauta frente a la noche espacial"


en oración por marilyn monroe

ernesto cardenal