martes, agosto 26, 2008

domingo, agosto 24, 2008

“ISTORIAS DEL FRACASO”
Quince
Joserramon Melendes
En En Rojo, Claridad

E ESTADO RESICLANDO POLIYA. Como limpio la
casa una bes al año, me parese prudente mirar si
no se ba un poema entre las raspas de papel i los
restos de toner. I a resultado un entretenimiento
tan bicario -o sea: susedáneo de dios- como
tensar los bersos. Porqe ago unos pegotes con
los sólidos, los enyunto (zeugmas) i ensamblo
como esculturas. Qe un día benderé. No te boi 
a ablar de la muerte Pedro, chico,
no te asustes: Ya estás lo sufi sientemente
muerto tú mismo por tu cuenta para albar, ablar
redundansias. Anjela, broder, no te espantes las
letras de ensima: No te boi a conjurar el buelo qe
elejiste [‘no boi a conjurarte..’ daría un alejandrino
qe no boi a agredirte -los berbos riman].
Descansen, sí, descansen.

El Biejo me lo dijo, también para morirse, un
año antes. Sin afeitar -nunca lo abía bisto yo asíme
resibió: “Esta mañana, cuando miré al espejo,
lo qe bi fue el rostro muerto de mi padre.” No sé
si en dodecasílabos, qisá lo edito. Aunqe no sería
raro qel ijo de Darío legara un testamento tan
medido; raro qisá sería lo contrario.

Cuando se murió Anjela -se dise fásil-, yamé
a Pedro a Nuebayor. Como un látigo por ensima
del Adlántico respondió instantáneamente [e
probado todos los órdenes de estas cláusulas]:
“Está mejor qe tú i yo: descansando.” Lo sé, lo
sé. Cómo no lo iba a saber si me dejaron solo. Lo
tengo qe saber sin compartirlo.

Ya ese mismo año anterior, en el ospital, el
Biejo declaró: “Siempre supe de lo qe iba a morir:
moriré de cansansio” —el ‘morir: moriré’ literal.
Pedía permiso para irse, i nadie entendió. Se
creían los sensiyos qe rencarnar tres beses no
destruía las mitosis, ensima de las bértebras por la
ipersecresión de adrenalina en tantas cárseles.

Anjela, amor, sé qe era duro ser más Julia qe
Julia, lo comprendo perfegtamente, como un
macho. Pedro, mi ermano, mantener guardia en
la frontera de la frontera -Puertorrico de América,
Nuebayor de Puertorro-, ¡Biednán fue bacasiones,
man! Biejo, cuatro jenerasiones mamando de
los cayos del trabajo sin reconosimiento, ¡uao!,
lo cojieron de patita. Anjela, Pedro: desidores,
cantantes, entertéiners, acróbatas de jestos; es
mucho. I de jestas, los tres.

•Los nuebos administradores, como siempre
con sus nuebas porsiones, baten nuebas posiones
para ablandarnos la dura resistensia. Les corroe
el bolsiyo -en qe guardan su identidá- qe los
nasionales atentemos desbaratarles las aduanas
alqiladas. Son más espiritistas qe nosotros con sus
ponsoñas, fíjense: los areitos taínos ni
los bayús angolos trabajan con tanatos.
¡Ai! perdonen mis santos, qe prometí
no ablarles de la muerte. Pero estoi solo.
Ustedes con su bida redondeada, sus glóbulos de
lus ya entre los átomos, ya limpios. Perdón, perdón;
no me boi a qejar de ser yo el muerto. Con tantos
borjes en el agua del cristalino, claro, no sería raro
otro oxímoron -morón agudo- más.

Pedro se puso jincho cuando supo qe para los
cubanos él también era un intelegtual. No sabía
qe al lado ayá de la cultura acá solo como capital,
intelegtual signifi caba otra cosa qe traidor. Se lo
expliqé con calma. Pero no contestó, de todas
formas, ninguna de las preguntas qe le dirijieron
en laHabana como a un profesor.

Anjela dio tayeres de poesía, cómo no; pero prefería
la Estética pura de la cosmetolojía. I un rincón solitario
-yeno de trosos, de talismanes- para escribir sus poemas.
Rincón, trosos, poemas: lo único suyo qe tubo,
qe al cabo eran sus semíes para todos, suyos
solo ese instante de la consebsión, como la
otra, mai.

Pedro escribía por la mañana: Si no tenía un
poema nuebo en la sesera, pasaba los poemas
biejos en maqiniya. También escribía a otras
oras, pero la mañana era de la poesía.

El Biejo cuando joben, fumaba. Persegido,
escribía los poemas en los papelitos aluminados
-iluminados serían después- de las cajas de
sigarriyos. Manolo El Leñero, se sabe, lo escribió
dos beses de memoria. Confi scado el primer
manuscrito, la segunda edisión nemotégnica
pudo salir de Atlanta en papel sanitario. ‘Juan se
llama el Leñador’, conjuga consagrando Neruda
su legtura del ¿43? en su Canto General del 50
(‘Que despierte..’, 48).

•La bida es un milagro defi nitibamente.
Qe se pueda morir, perdón , trasbibir después
de aber dolido tanto, de aberse negado tanto
-aber sido; es un milagro masayá del milagro,
bálgame. El qe se qeja es bruto: Yo, bibo con
cojones, o con intermitensias, frente a estos
acabados -en el sentido artístico-. Serán caídas
de la adrenalina, las endorfi nas, un bajón de
sinabses, qé sé yo; males de intelegtual, traidor
o de los otros, esta pansa qejote. Porqe si la
poesía fuera una corriente fi ja, Darío, daría
estos bestias. Qe los dio, ¡baya!

Bamos a resiclar la muerte, a ber si no se
ba un poema entre sus crestas lebantadas.
Ararla; aser unos enyuntes -zeugmas, yugos
(de arar)- con los gases, ensamblados como
esensias, i regalarlos para perfumar semíes.
Pudo aber sido peor, pude estar biudo. Pero la
muerte no me qiere tanto, no me regala nada.
Prefi ere aserme biudas, porqe me tiene miedo.
Le gustan los felises, realisados.

No me esperen tan pronto en el asoge del
espejo, en cantos, ermanitos de encanto. Boi
a sacarle otros cantos -bloqes, cansiones- a la
muerte, a aserle más maldades, por ustedes. Qe
se mueran los bibos, qe descansen.
justo cuando me llevé
las manos a los ojos
comencé a escuchar las cigarras

sábado, agosto 23, 2008

Poemas nómadas, viajeros, libres, de drogas desapegadas.
Homenaje al verano megafonero.
(Poemas desde España)


1.
En la piscina
encontramos unas pistolas de juguete.
Algo en la lógica de lo mortal
no nos resultaba.

Todos intentamos dispararlas
y comenzamos a sospechar
que una pieza,
desconocida nos hacía burla
encima del tiempo.

Hubo una que de lejos
sospechó de un cilindro
anaranjado, y lo identificó.

Tal como en las guerras
el fuego era el cilindro.
Quien lo tuvo más
rápido en sus manos
fue el primer déspota:
no dudó en usarlo en contra
de su tropa desarmada.

Así las guerras,
y así los juguetes
de los niños que ya no somos.


2.

Teresa es actriz desde
que cumplió sesenta años
y sus tendones y corazón
se le rebelaron a su primera
vocación.

Había dedicado su vida
a aliviar el dolor en el cuerpo
de los otros,

y ahora cuenta sus hazañas
vestida de monja en el camerino
improvisado de un convento.

Ella sabe que hay vocaciones
que comienzan cuando el cuerpo las pide
o las despide,
y que en un barrio
como Lavapiés es muy fácil
volverse una chica almodóvar.

Ahora tengo un pedazo de Valparaíso
y una cajita antigua de piedra roja
llena de canicas de vidrio.

Quiero pensar que cada canica
es un cristal para mirar al mundo
desde otras Tere,
y la piedra roja, un corazón
para viajeras con acento
y almuerzos en la acera, Tere
sabe de las habitaciones
su aire, su paciencia de vicio.


3.
Trato de recordar
un poema que memoricé
casi dormida y no lo consigo.
Sí consigo recordar que me dije
-éste no lo olvidaré-
cuando los relojes de arena
me arropaban torpes en mi verso. Luego
despierto en medio de la noche
y una mujer con vestido de lino blanco
entra al cuarto y se sienta
justo encima de donde duerme
mi amante. Pronto lo que fue
su niebla caminante se funde
con el hombre que duerme a mi lado
y yo trato de convencerme
de que estoy dormida, de que
una mujer delgada no se acostó
junto a mí tarareando mi canción.

jueves, agosto 21, 2008

Presentación en Librería La Tertulia


La segunda edición de El origen de los párpados
Lorraine Rodríguez, al cuidadado de los dibujos


Presentación circular

Fotos por Libertad Ayala

martes, agosto 19, 2008

"El roce de una mano y este fuego se volvería, maravillosamente y en un instante, sobre sí mismo...de las brazas y las cenizas, del polvo y de los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años los verdes años, las rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas se desvanecerán; todo será de nuevo semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios, los soles se elevarán en los cielos de occidente, y se ocultarán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte de la semilla, la muerte verde, el tiempo anterior al principio. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano."

En “El ruido de un trueno”, de Ray Bradbury, 1952.
Noemí Novell, traductora
Antología Ciencia Ficción, Alfaguara.

viernes, agosto 15, 2008

Y ya se acerca...
Primera edición, junio 2008
Segunda edición, agosto 2008

y curiosamente consigo
sacudir los retrovisores,
aunque ya no vamos
tarde a la escuela.






Dibujos Lorraine Rodríguez Pagán







Diseño y poemas
Mara Pastor


Presentación y lectura de “El origen de los párpados”.

Librería La Tertulia, Río Piedras, Puerto Rico.
Segunda edición de 50 ejemplares numerados.

7:00 p.m, lunes 18 de agosto de 2008



miércoles, agosto 13, 2008

ando perdida porque...


fui a una playa (las algas eran
verdes y brillaban)
rodeada de amuletos
que hablablan en la lengua

de un diccionario que inventamos,
la dama del sueño duerme en todos lados
la de los dos bolsillos y la frase sabia
se lanza de una roca enamorada
la trotadora que vuelve cansada
vuelve a ser ella despacio,

y la tejedora sorprende actriz.

fuimos a un río de noche
y volví a ver cucubanos
mi piel se pertenece

-nos es misma-
y hasta el pelo me cambió de color.


dejo a mi cuerpo
ser una ola larga, su espuma,
todas las mañanas.

viernes, agosto 01, 2008



Los deseos en Amherst
Angélica Liddell (Figueres 1966)

Dice su biografía que es poeta y teatrera. Ha dicho sobre sí misma, probablemente con voz desenfada e histriónica, que es uno de los valores más interesantes surgidos en España.

Liddell maneja un concepto del libro objeto y funda un arte amatoria entre una energía libidinosa, masculina y púber con una magdalena rockera dueña de sus pestes y pulsiones, reconciliada y reñida con su madurez. 

Dice en los primeros versos de esta erótica supurante: "Durante más de setenta poemas no me di cuenta de que estaba hablando del blanco" (5). 

Los deseos en Amherst viajan a través de una voz/dura/sucia/tierna ¿blanca? /cruel a la intemperie en un proceso que propone luces y formas, otra relación con lo pegajoso y lo amargo. Viaje a través de una voz abortiva, amorosa y amorfa.

La tirada estuvo a cargo de Ediciones Trashumantes, en la serie Poemas desechables, del 2007. El libro de Liddell es negro con el texto blanco. La edición consta de 600 ejemplares numerados. Erótica, escatología, menstruación, ciclo. Aquí unos fragmentos.



Si mis pechos fueran propicios para las fieras 
te escogería a ti - joven inexperto  
no pretendo el orgasmo  
sino tu precocidad en mi garganta (17)




En vez de leche sangre de mis pechos
 
eyacularía esa marca roja con ademanes de epiléptico  
en la boca de mis amantes ficticios  
son tan pequeños los seres que yo amo  
tan pálidos  
que mi cuerpo responde como el de una madre  
pero errónea  
segrego a todas horas un calostro sulfuroso 
que no alimenta nada (27)


Me orinan en las mangas
 

los chicos de cara angelical  
sólo se divierten si me humillan soporto mejor la burla atroz que el peso de un hombre todo por la piel 
todo por una edad inmadura  
algún día silbaré con sus huesos (43)



Escupo en el lecho podrido
 

la soledad es perfecta 
lo dicen mis venas amarillas 
menstruaciones azafranadas
 

será la muerte o el miedo y yo que aspiro a un final doméstico 
sin tigres 
sin convulsiones
adivino por los gemidos la fruición de los otros memorizo un texto corrupto  
me masturbo entre la sangre no lavada (55)



Hacia delante con manchas
 
la cabeza del ganado y el tedio de los vencidos  
¿ayudan los cerdos a pensar al filósofo?  
hay un discurso para todo. 
las mentes arden vivas y sucias qué poco respeto por el fuego tanta mugre hacia delante hacia delante   
los detergentes matan a los niños
hacia delante con manchas 
lograremos justificar una vida limpia 
vísteme de blanco (57)