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jueves, enero 22, 2015

Poemas de Ángel Escobar (Guantánamo, 1957- La Habana, 1997).

Epigrama fatal

Quién fuera Isolina Carrillo -
que compuso Dos gardenias,
un bolero que escucha toda América,
y no Ángel Escobar -
que escribió Abuso de confianza -
tuvo que pagar para que lo editaran,
y no lo lee ni su primo más cercano.

Cierto forastero

Aquí en Chile uno se vuelve antipoeta;
pero nunca llega a ser Nicanor Parra-
y nunca, nunca, nunca
tendrá una casa en La Reina.
Ve bustos de Neruda -
pero como tiene que tomar dos buses
para llegar hasta su aburrimiento,
y no tiene dinero, no los compra;
ni tiene, ni tendrá nunca, Cien sonetos de amor
para enamorar a una estudiante,
a una sola, que tenga deficiente en Castellano -:
ella, u otra, a lo mejor no saben si Huidobro
era descendiente del Cid Campeador;
pero seguro sabrán que tenía renta -
y él, nunca, nunca, nunca, pero nunca
tendrá una cosa ni la otra,
y, además, no escribirá Altazor -
lo que no es un detalle.
No verá los piececitos fríos que vio Gabriela Mistral -
ni tendrá el Nobel;
no se comerá tres vaquillas sentado en su leyenda
como Pablo de Rokha –ni sufrirá como él–,
ni tendrá El molino y la higuera, como Jorge Teillier.
Será, y no hay desmedro en ello, será, digo,
siempre un forastero.

La conspiración de los necios

Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí: tiremos cualquier cosa a las brasas-
aunque sea un hombre:
sí: volvámonos caníbales -
eso da prestigio y fama -
eso hace que uno deje un trazo
como hace el caracol sobre la tierra -
si es que la Tierra es algo.
No todos podemos ser próceres piadosos.
Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí: fumemos bastante; fumemos de todo;
fumémonos el todo: hasta que nos de cáncer -
el cáncer sí que es Creacionista -:
ahora mismo está haciendo que se pudra
la rosa en este problema.

Poblador

Yo vine al mundo de visita
para crear dificultades.
Puede que sea un ángel o un camello.
Tomo una piedra y sé cuál es, entre todos,
mi resguardo. Amo aún el cuchillo
con el que maté a un hombre - lo herí;
pero en mi intención ya lo había matado -
después dos de sus primos, o amigos, o compadres
me mataron a mí; quizá sólo fueron
simples desconocidos, o no: todos los hombres
tienen un parentesco, y todos se conocen;
y ni uno solo es simple.
Tuve una hija a la que tal vez le di el nombre.
En los cines, creí ser mexicano, japonés o italiano.
En la calle fui El Chino. En la infancia,
si es que algo puede llamarse de ese modo,
perdí todos los enlaces posibles con lo real -
fui un huérfano. Me golpearon todo el cuerpo;
pero yo tenía una candela viva. Dormí
en los parques y en el rencor de mis tutores.
Tengo una foto entre uvas caletas donde parece
que soy una persona. No cumplí veinte años.
Amé a más de cien mujeres. Robé en los barrios
altos. Tuve hermanos que padecían su soledad
como si fuera de otros - ahora uno de ellos
me recuerda, con su melancolía desastrosa;
mas yo me aparto de él: puede que haya ido
a la Universidad; pero eso no lo mejora,
y como cree que sigue siendo un hombre
y que está vivo, es un canalla, ruin como tú y como todos.

Cuestiones

No nos quejemos más:
todas las épocas fueron terribles,
todos los tiempos difíciles.
Ahí tenemos un consuelo.
Y, si es que necesitáramos otro -:
que todo vuelva a empezar donde termina
y vuelva a terminar en donde empieza.
Y hay más para el quejoso:
si el tiempo es lineal,
tomémonos el café con azúcar;
si es circular, y todo es el retorno de lo mismo,
tomémonos el café con sacarina,
por si acaso;
o renunciemos al café -
porque los pasos que da Dios, sigiloso,
o Ud., o cualquier otra señora, o señor,
hay quien los lee en las heces,
esos malditos trazos que quedan en las tazas,
cuando uno olvida que los cafetos son de Arabia -
donde impera el Islam, y uno se encuentra
con árabes, por supuesto, que, para peor desgracia,
toman su café bien descafeinado.
Yo no tengo dinero;
pero eso es otra cosa.

El verdugo

El verdugo palpa el cuello de su mujer
y lo encuentra frágil y culpable;
roza el cuello de su hija adolescente
y lo encuentra frágil y culpable.
Se va ante un espejo y ve su cuello
frágil y culpable, indigno de su labor.
Toma todas las monedas que le ha dado
la Usura, el Poder, por el pago de sus gestiones
y se va a ver al sicoanalista, y le paga—
el sicoanalista encuentra su cuello normal;
sin hora y sin después, el verdugo vuelve
a su mandato: destrozar cuellos frágiles
y culpables, para dejarlos sin hora y sin después,
para ponerlos normal como su cuello.

Un poco de antipoesía

Quién fuera Bob Marley
para gustarle a Violeta,
la hija de Lucrecia Brito
que, según Juan, se parece a Michelle Pfeiffer-
aunque Bob Marley sea negro y esté muerto,
y aquí, como en cualquier lugar,
sea más conveniente ser blanco y estar vivo.

Hilo acosa

Hierro al anhelo, al roce de la melancolía. 
Hierro a los ojos que vuelan ante ti
como ninguno. Al pie puesto en la danza,
hierro; y a la mano que no transige ni se cansa, 
hierro - ; a la cabeza, al plexo, al pulso,
hierro: chasquidos, punto, fiera: golpes,
galope, abuso sobre la espalda del deseo - 
herrumbre, pudrición; y a una costumbre,
a un vicio, hierro: dónde poner los párpados - 
zahieren, te meten en el frío procaz, sabacanecucho, 
idiota: vuelta ante ti: hierro al pájaro,
al duende; mutilado de ti, nada te inventa -
hierro que rechina y salpica, mundo ciego -
hierro, azogue, taladro, cercena, perforando
la dicha, el cráneo, el útero-rompiente,
huérfano, desmedido, chiquito: un verbo, un verbo 
para parar la seña, el arquetipo, la forma -
un verbo, una presencia, alguna zarza al fuego, 
granos, una caricia, y no a la harina hierro, no - 
por qué entre hierro e hierro la boca del corazón 
se aterra - : párale, párale; párate, mendaz Imperio, 
fúgate; saca ese atroz punzón de mis entrañas; 
déjame al menos sueño, vigilia: este desierto 
blanco me aniquila, y cuando llego al borde,
al límite - espejismo, sinfín -, tan sólo encuentro 
hierro. Hierro. Hierro.




Ángel Escobar
En El examen no ha terminado. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1999.