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domingo, septiembre 23, 2012

El cuerpo


El cuerpo puede volverse hablante, pensante, soñante, imaginante. Todo el tiempo siente algo. Siente todo lo que es corporal. Siente las pieles y las piedras, los metales, las hierbas, las aguas y las llamas. No para de sentir.  

*


Cuerpo cósmico: palmo a palmo, mi cuerpo toca todo. Mis nalgas a mi silla, mis dedos al teclado, la silla y el teclado a la mesa, la mesa al piso, el piso a los cimientos, los cimientos al magma central de la tierra y a los desplazamientos de las placas tectónicas. Si parto en el otro sentido, por la atmósfera llego a las galaxias y finalmente a los límites sin frontera del universo. Cuerpo místico, sustancia universal y marioneta tironeada por mil hilos. 

Jean-Luc Nancy
"58 indicios sobre el cuerpo"

viernes, marzo 23, 2012


Escribir como un perro que escarba su hoyo, una rata que hace su madriguera. Para eso: encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto. 

En Kafka: por una literatura menor, Deleuze & Guattari

viernes, febrero 03, 2012

¿Y si fuera justamente el poema, lo poético mismo esa
muerte inmanente y propia de la vida? ¿Un gran poema
narrativo, la única historia que se cuenta siempre, que
se dirige uno a sí mismo, la poética de lo propio como
reconciliación, consuelo, serenidad?

Jacques Derrida, en La tarjeta postal.

martes, septiembre 13, 2011

septiembre/octubre:





proyectos por emerger


  • Comentario al poemario Yoga: Divulgación de Telos/Virga (Primer Volumen), del poeta Manuel Barrios (Uruguay, 1983) para la colección Limón Partido, Editorial Literal, Ciudad de México.

  • “Ya yo fui santo, no necesito volver a serlo”. Entrevista a José Kozer sobre traducción de poesía para la Gaceta Literal, Ciudad de México, Número 41.

  • “Efecto del halo”, editora invitada para Just Magazine: [Justzine: literature under severe constraint]

  • Reseña de Humedales, Limón Partido, 2009, de Javier Norambuena (Chile, 1981) para El roommate.
  • "La cucaracha en el hombro de Pablo", poema para la antología Mi país es un zombi, Ciudad de México.

martes, junio 14, 2011

Lo infinito, el artista y lo finito mismo

Ningún verdadero artista es reducible a los callejones sin salida colectivos, aún cuando comparta públicamente sus enunciados. Su obra traza un camino medio entre romanticismo y nihilismo, y reinventa en cada oportunidad una idea original de lo infinito real, aunque pocas veces sea explícita. Esa idea equivale a tomar lo infinito como si no fuera otra cosa que lo finito mismo, dado que se lo piensa, no en su finitud objetiva, sino en el acto del cual resulta. No hay infinito separado o ideal. Hay una forma finita que, tomada en la animación de su acto, es lo infinito del que el arte es capaz. Lo infinito no se captura en la forma, transita por ella. La forma finita puede equivaler a una apertura infinita si es un acontecimiento, si es lo que adviene.

Alain Badiou en El siglo

domingo, junio 12, 2011

Madres e ideas dice Patricio Marchant

Madre es todo aquello a lo que el hombre se agarra. La llamada madre real es sólo el primer y más constante agarre del hombre, pero madres son: senos, cuerpos, alimentos, manos, sexos, cosas, ideas –especialmente éstas, las ideas.


Patricio Marchant en Escritura y Temblor

sábado, abril 09, 2011

jueves, febrero 03, 2011

Delineando espacios sin condición:
anotaciones sobre Derrida y Cortázar

En el ensayo “La universidad sin condición”, Derrida expresa su intención de hacer una declaración que simultáneamente sea un llamado. Para Derrida, el espacio de las nuevas Humanidades debe “pensar al hombre”. La condición de la institución universitaria es que este espacio siga siendo un lugar de resistencia crítica “frente a todos los poderes de apropiación dogmáticos e injustos”(3). La universidad, definida en términos derridianos, debería ser ese espacio en el que la “verdad primordial es el derecho a decirlo todo, aunque sea como ficción y experimentación del saber, y el derecho a decirlo públicamente”.

Por otro lado, en el texto de Julio Cortázar La imagen de John Keats[1], el escritor propone escribir en cualquier espacio bajo las leyes del espacio poético, el cual debe responder “a la mayor libertad de expresión” (18). Al comienzo del texto Cortázar critica el afán categórico del académico, al hablar de lo incatalogable de la obra de Keats:

Un libro romántico, aplicado a su impulso y a su tema con fidelidad de girasol. Es decir, un libro de sustancias confusas, nunca aliñadas para contento del señor profesor, nunca catalogadas en minuciosos columbarios alfabéticos. (15)

Ambos modos de pensar espacios tienen en común que abogan para que la condición sea la no-condición y que reformulan lo que consideran académico. En esta reflexión quisiera comparar la concepción espacial que define y por la que aboga Derrida en “La universidad sin condición” con la que se desprende del texto de Julio Cortázar La imagen de John Keats.

Para Derrida, el “espacio público” es lo que singulariza la universidad de otras instituciones. En esta línea de pensamiento, entiende que la literatura se convierte en el “espacio público simbólico” (4). La reflexión de Derrida remite a la universidad, pero en un sentido más amplio es un análisis del funcionamiento de los espacios que producen las condiciones necesarias para el libre albedrío. El ensayo “La universidad sin condición” es más bien una defensa, o un manifiesto en pos de la creación. La contradicción estriba en que el espacio concebido promete adquirir una responsabilidad que no se agota en el acto de saber o de enseñar (14).

En el caso de Cortázar la pregunta sobre libertad está estrechamente ligada al uso del lenguaje. El escritor delinea un espacio literario no clasificable para hablar críticamente de Keats, al entender que es este uso no categórico del lenguaje el único, cual traducción, que consigue trasladar una noción de lo que significaba el lenguaje para el romántico:

Como los idiomas que se concitan en todo esto; como la montañesca abrumación de citas: como el lenguaje que me ha dado la gana de emplear. (16).

De este fragmento también me interesa destacar el empleo de la símil para definir el uso del lenguaje en el texto. La símil es la figura que a nivel retórico produce el efecto de melancolía en el lenguaje del que nos habla Galende en La oreja de los nombres, ése que es precario y que “nombra y nombra lo que siempre será otra cosa” (99). La símil funciona a partir del rastro. El “como” que ejecuta el funcionamiento de la símil es una prolongación que separa de manera definitiva los dos objetos que se quieren acercar. La emblemática escena en la que Orfeo se voltea, tronchando para siempre el regreso de Eurídice del Hades por nombrar  el arquetipo más usado para hablar de la tristeza melancólica. Esta escena puede entenderse a partir de la correspondencia espacial de la simil. Acercar las dos partes en las que se quiere significar una correspondencia es imposible en tanto el “como” queda inscrito como ese rastro irrebasable entre los amados. Cortázar, consciente de estas distancias, prefiere hablar “de un pasado con lenguaje de presente” (16) , perpetuando una actitud que privilegia un “como si” atemporal, como si no hubiera descontinuidad. Más adelante recalcará sobre el tono que le quiere dar a su escrito que: “También esto es fidelidad a mi poeta, porque el tenía una aptitud pavorosa para quedar mal con todo el mundo en la república literaria” (16). El autor vuelve a privilegiar el acto performativo que simula una aptitud de libertad temporal versus cierta aptitud vinculada al espacio “literario”. En este sentido, el ensayo busca hablar sobre la poesía de Keats a través de un método que reproduzca ciertas cualidades de la escritura del poeta y simultáneamente defiende la posibilidad de hablar de lenguaje, academia y escritura desde otro lugar no categorizable, no censurable, cuya condición sea, tal como en el ensayo de Derrida, la no-condición.

[1] Julio Cortázar, La imagen de John Keats. Madrid: Alfaguara, 1996.

sábado, marzo 20, 2010

mesianismo-cyborg y otros aludes

Así, el “no-hacer de connotaciones místicas, sin por-qué y sin para qué” cualifica un estado-de-dios que aparece como “pura intensidad sin Sistema”, como “acto pleno”, “no representativo”, que pone directamente en cuestión las tecnologías de la escisión, la jerarquización y la representación, y “se sitúa así fuera del espacio de lo real del Sistema”.


Pablo Gallardo y Gabriel Livov en un fragmento de la introducción a Alternativas de lo posthumano de Oscar del Barco.
Caja Negra

domingo, julio 22, 2007


Breve recuento sobre simulacros

Sobre Performance Studies: An Introduction, de Richard Schechner

En este libro sobre los estudios del performance Schechner le dedica en el capítulo “Performativity” un segmento al tema de la “simulación”, o simulacro. El autor escoge un fragmento del texto de Baudrillard “Simulations” para tratar el tema. “Disimular es pretender que no se tiene algo que sí se tiene” vs “Simular que sería pretender que se tiene algo que no se tiene”. Apropósito del concepto, Schechner dice “Simulation is neither a pretense nor an imitation. It is a replication of itself as another. That makes simulation perfect performatives” (117). ¿Qué ocurre en el espacio poético sino la simulación de una voz otra como si fuese la del poeta? En el discurso poético, las voces líricas pueden entenderse en tanto replicas del sujeto real como un Otro. Pienso por ejemplo en los planteamientos de Bousoño sobre “la comunicación imaginaria del poeta y la comunicación real del personaje que figura en el poeta” (48): “no el poeta, un personaje que figura que es el poeta se comunica objetivamente con nosotros en la poesía” (48). Aquí entonces cruza el postulado de Schechner “There is no difference between copy and original” (118). Esto es que el artificio poético, los desdoblamientos de voces, en tanto acciones performativas no carecen de “verdad”. La identidad poética se construye a partir de la distinción entre aquello que la voz lírica pretende tener cuando no tiene (una voz real cuando en realidad es un artificio que sobrevive solo dentro del discurso poético) y aquello que simula (una voz que comunica histriónicamente un contenido síquico). Si el performance es analizado como texto (Schechner, 192), se puede analizar el texto como performance.



Sobre Homenaje al ombligo: Acabo de Morir, o el simulacro de la muerte

El poema de Anjelamaría dice “Acabo de morir/ y que mi muerte/ sirva de grito hondo a mi garganta/” (18). El performance poético implica la repetición de una “primera vez” que es el acto de escritura. Por tanto, la relectura del poema puede entenderse como un simulacro. “La repetición, sin la que no habría podido existir “primera vez” abre la memoria, de luto por esa primera vez imposible. Pero abre también, de golpe, el terreno del simulacro”. (Derrida, 213). Si simular, como señala Baudrillard es “pretender tener algo que no se tiene”, ¿ qué mayor simulacro en el discurso poético que el de la muerte? El performance poético, tomando como referencia lo esbozado por Liptak en el libro Schechner, puede entenderse como el proceso que va de la vida real a la pretensión de una espontaneidad que es ficticia (la repetición) a la actuación: la conclusión sería la simulación, antes del regreso a la vida real. Es decir, la consumación del performance puede entenderse como una reflexión/metonimia de la muerte.


Sobre Animal Fiero y Tierno: Simulación de la oralidad


La poesía anclada al simulacro de la oralidad... Schechner define el concepto de performance text como “Everything that takes place on a stage that a spectator experiences” (193). La poesía, supongo que a veces, crea el artificio de la oralidad, es decir la simulación de una experiencia inmediata del texto como si fuera la experiencia en tiempo real del poema. En “Animal fiero y tierno” Anjelamaría Dávila explora profundamente la cualidad oral del texto, su potencia vocativa. Pienso en poemas como “Cercamente lejos”:

Cercamente lejos
de esta pequeña historia
expandida hacia todo deteniéndose
se oye que dice:
qué importa tu tristeza
tu alegría- (14)

El desdoblamiento de voces en el espacio poético es un simulacro de la multiplicidad del sujeto poético, un acto histriónico que reproduce una experiencia en el espectador-lector como el performance.

Con el recuerdo al hombro,
Pero fíjense, ¿ah? Qué muchas trampas hondas nos detienen. (15)