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lunes, junio 30, 2008







demasiado calor en madrid.
mejor me quedo en casa de paloma
encuadernando, aunque se me rompa
la aguja y se derrita la tinta del cordón.
hay un abanico pegado a mi mano
que celebra la victoria de ayer.


miércoles, marzo 05, 2008

lunes, enero 28, 2008



. <--------(punto crítico.

huellar no siempre ha sido un verbo

y en estos días parece costumbre.

acción paridora de acciones.
anaranjados claros)






sábado, julio 28, 2007

lunes, abril 16, 2007

Todas las aceitunas

Él me dice, quisiera regalarte todas las aceitunas. Yo lo miro en silencio, con la candidez de una niña a quien le prometen mojarse en el aguacero cálido, como aquellos días en que todo era correr patines, bañarse en la lluvia. Ya no quiero aceitunas. Quiero la certeza para apalabrar ahoras. Quiero que el intérprete sepa la lengua original. Él no la sabe y no lo culpo. Esas cosas se intuyen, no como el sudor que ya no se sabe a quién le pertenece, que ya no se sabe de quién es. Eres hermosa, me dice, al verme suya en el espejo. Esa que miras no soy yo, pienso, cuando dices “te ves” como si fuese divisar un oasis en algún desierto que nunca imaginamos. Busco la certeza que apalabra. Certeza estraviada. Desvío de espejos. Él me mira encima suyo, donde mi espalda se ha vuelto lumbre remota. Veo una lágrima deambular la mejilla y cierro los ojos, para que no nos perturbe, aunque eso no impida que la lágrima baje y se deslice por el lóbulo de su oreja, atraviese la yugular del cuello y yo me la tome.






Serie "Espejo de volutas 6", 2007

miércoles, mayo 31, 2006

Hace unos minutos de la foto. Después del almuerzo. En la terraza – o la especie de torre de Rapunzel- Le digo así porque puedo estar el día entero en este apartamento si me dejan, y a veces ni sé cómo bajar. A veces ni bajo. La terraza está llena de plantas. Una amiga me pregunta si el verde es mi color favorito. Está en todas tus fotos, me dice. Es que no sé usar bien el Photoshop, le contesto. Cuando estaba allá, en el agujero blanco, pensaba en éste, el agujero negro, y me agobiaba. Estando acá, adoro los agujeros negros. Sin embargo, los aguacates están escasos. He ido a diario a la placita. Caminando. Y ya saben que espero el día en que los aguacates sean verdes y grandes como en mis recuerdos.

jueves, marzo 09, 2006

morusa.
(De or. inc.).






1. f. coloq. Antigua moneda de plata.

2. f. coloq. p. us. Moneda corriente.


www.rae.es

viernes, diciembre 02, 2005

Los nombres que desnombran

He llegado a la conclusión de que los buenos seudónimos siempre le pertenecieron a alguien. Muchas veces la persona con el nombre que suena a seudónimo no hace mella en el factor literario del modo en que lo nombran. Pasa la vida llamándose o siendo llamado poéticamente (porque así son los seudónimos, poéticos) sin aspavientos, o con profesiones que los igualan a personajes de novela y no a escritores de éstas. Mi segundo apellido paterno es Aparicio y siempre me pareció un nombre muy literario, como para seudónimo, el de Clara Aparicio, por la cercanía que tenía con la frase “clara aparición”. Era como tener un espejo como seudónimo o un seudónimo como un espejo. Esto porque un nombre como ése me parecía evidentemente un seudónimo y , por tanto, el efecto sería el de "este texto que aparece publicado con este nombre es claramente un texto con seudónimo". Lo quería usar para publicar algún poema o para enviar cartas. Incluso, creo que lo llegué a enviar como seudónimo de algún cuento, pero el editor se empeñó en que dejara la máscara e hiciera el estriptís literario con mi nombre de pila. Ėste que leen que es mi nombre ni tan es mi nombre, lo que es bastante divertido en mi vida, pues todos me llaman de un modo distinto, lo que me da la sensación en algunas instancias de que mi vida es un seudónimo. En mi nombre suenan ángeles. De ninguna fe. Sólo ángeles. Oscuros quizá, como lo de Alberti o los beatos medievales. Por eso no todo el mundo los ve o los nombra. Con los años, he aprendido que como me llaman me dice más de los que me llaman que de mí. El nombre, entre los nombres, con el que alguien decide nombrarme me da como un color distinto de la personalidad de la persona. Hoy, leyendo un artículo por ahí vagabunda, descubrí que la viuda de Juan Rulfo se llama como el seudónimo que quería llevar yo por la vida, Clara Aparicio. Imagínense al autor de una novela como Pedro Páramo, con claras apariciones de espíritus y de presencias, enamorado de una mujer llamada así. Publicar con seudónimo se siente como dramatizar un papel determinado en una obra de teatro, una novela, un cuento. El desdoblamiento es un tema central en la literatura de escritores como Pessoa, por ejemplo, o en las letras caribeñas (Diego Deni, Bruno Soreno o Sam Merissan). La movilidad nominal se me hace más lúdica y divertida que la inmovilidad. Al final, lo que me gusta es ver el reflejo del reflejo al ver el seudónimo. La meta experiencia del nombre que es el personaje del nombre que es el escritor, que a la vez se vuelve personaje al desnombrarse.