lunes, junio 15, 2015

Flotar o sumergirse en Sal de magnesio



Por Alejandra González Bazúa

Junto a Alejandra González
y Marina Ruiz, editora.

(Texto leído en la presentación de Sal de magnesio -Astrolabio, 2015- en la Feria del Libro Independiente, en la librería Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, mayo 2015)


Esto es una presentación.
La presentación de un libro de un libro de poesía.
Sal de magnesio es el nombre que las reúne.

Esto es una presentación.
La presentación de un libro de un libro de poesía.
Sal de magnesio es el nombre que las reúne.

Sal de magnesio se me presentó como un mantra y un espejo.
Sal de magnesio se me presentó como un mantra y un espejo.

Presentación de Sal de magnesio.
No se incomoden, no seguiré repitiendo estas frases que no son poesía, más bien les explicaré por qué he iniciado así esta presentación.

Mi primer acercamiento a Sal de magnesio fue en formato pdf, así que lo que leí fue  la maqueta de impresión que contiene  dos libros. No pude separarlos así que me puse a leerlos como si fueran uno solo.

Cada poema lo leí dos veces, repetida estaba la portada y el epígrafe de Dulce María Loynaz:

La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea y al que no la rodea.

La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea y al que no la rodea.

Les quiero entonces contar sobre esta lectura.

¿Por qué la repetición  en Sal de magnesio me  fue tan incitante?

Este libro contiene palabras precisas, calmadas, necesarias justo por su recurrencia e hilaridad. Sal de magnesio es como un telar y en este presente tan fragmentado no es que falten palabras—hilos sino más bien manos que las sepan tejer.

Algo recurrente es aquello que vuelve a ocurrir o aparecer después de un intervalo, es algo que se repite. Y bien sabemos que ninguna repetición puede aspirar a ser idéntica a la anterior. Bien sabemos que ninguna repetición puede aspirar a ser idéntica a la anterior. Mara repite palabras y siempre dice algo distinto.

Tienes razón Mara, algo de hipnótico tiene tu libro.

Dice Sal de magnesio:
Soñé que era mi cumpleaños y acariciaba el pelo canoso de una mujer joven.
En un intervalo de microsegundos el formato pdf me obligó  a leer:
Soñé que era mi cumpleaños y acariciaba el pelo canoso de una mujer joven.
Entonces aquel sueño que vino a la cabeza, el cumpleaños, la caricia, el pelo cano y la juventud se significan de otra manera aunque entre una y otra lectura haya mediado algo poco menos grande que un instante.

Cuando tengan el libro en su manos repasen cada poema  más de una vez  antes de pasar de página, verán como se encuentran con mantras, espejos o péndulos hipnotizantes.

Presentar un libro es ofrecerlo.
Darlo, proponerlo, colocarlo, traerlo al presente.

Les presento a Sal de magnesio, lo hago como se presenta al mejor amigo.

Se presentó la lluvia después de una larga sequía. Se presentó Sal de magnesio después de una tormenta.
Se presentó el niño de nalgas, fue un parto complicado.
Se presentó Sal de magnesio de cabeza, espalda, ombligo,  codo, torso.
El parto continúa porque si hay algo cierto es que es el lector aquel que  escribe la obra una y otra vez.

Cuando Mara me invitó a presentar este libro escribía yo un texto sobre el tiempo, la velocidad, los fragmentos y la posibilidad o no de darle un sentido a la historia con el futuro tan desprestigiado. Entonces dejé ese texto a un lado y me puse a leer Sal de magnesio sin pausa alguna,  a mirarlo con el tiempo encima, no porque tuviera prisa sino todo lo contrario, digo que con el tiempo encima porque  lo leí con ese tema rondándome la cabeza. Gracias Mara,  porque Sal de magnesio curó mi mirada pesimista y recordé algo que la voracidad del  día a día nos hace olvidar: en la poesía habita la posibilidad de otro tiempo, otro ritmo, otra velocidad.

          
Mara escribió esto sobre su propio libro en otra presentación en la que me hubiese gustado estar no sólo porque fue en La Habana sino en un lugar preciso de la isla cuyo nombre homenajea a la autora del epígrafe de este poemario Dulce María Loynaz. En aquella presentación Mara dijo:

Es por la sal de magnesio que no escuchamos los sonidos debajo del océano. La sal de magnesio desinflama y cura montón de males. Quise hacer un libro desinflamado, un libro con silencios y distancias, como las que produce la sal de magnesio.

Será por ello que  Mara escribió en este libro:

esta distancia
era necesaria
para ver cómo despierta
el trébol morado
con el sol.

Mi abuela usaba sal de magnesio para las plantas, a esos tréboles morados les hubiese echado sal de magnesio sin saber bien la razón científica, y es que estas sales ayudan a acelerar el proceso de desdoblamiento de las moléculas de clorofila.

En casa las sales de epson  servían también para las uñas encarnadas.

Dice Mara:

un beso que no recibí
se hizo bisagra

Y entonces habrá que pensar en los besos que no son bisagra sino uña encarnada.

Dice Mara:
hace tan solo un mes
estaba en la ciudad
donde el agua hacía
que se me cayera el pelo
allí tampoco
me crecían las uñas.

Hay quien se inyecta sal de magnesio para reducir la intensidad de los calambres y dicen que es buenísima para la arritmia ventricular, es también laxante y si se hacen nebulizaciones ayuda a los asmáticos.

Basta pues de consejos pragmáticos y regresemos a la poesía:

me sumerjo en sal de magnesio
nada escucho

Y entonces pensamos en la idea de sumergirnos para no escuchar nada, o mejor dicho para escuchar aquello que merece ser escuchado, porque con tanto ruido hacen falta los silencios .

Vuelvo a Mara:

el agua de esta ciudad también está contaminada
aún así las mujeres toman baños de tina.

Así es, tomamos  baño de tina prolongados en donde para colmo, metemos a bañar a nuestras hijas.

Ya casi acabo, me quedan cinco cosas por decir.

Las primeras cuatro las dirá Mara y la última también:

 
cuando desembarcar no es una opción
y tampoco quedarse en la nave.

(20)
*
lo seguí como a un oráculo a la inversa

(42)
 *
este lugar
que nos estamos inventando
tiene elementos que no aparecen
en la tabla periódica

(74)
 *
pero tiene que llover
para que haya hongos
tiene que llover

(66)

Estas palabras hiladas logran nombrar, mejor que muchos análisis políticos, el momento presente en que no es una opción desembarcar pero tampoco quedarse en la nave.

¿Cómo se sigue a un oráculo a la inversa? ¿Cómo encuentran acomodo las preguntas y respuestas?

Y sí, estamos inventando elementos que no aparecen en la tabla periódica ¿cuándo llegarán lo que puedan clasificarlos? ¿buscamos ser una parte más de la tabla periódica?

pero tiene que llover
para que haya hongos
tiene que llover.

Ay Mara, que forma tan precisa de nombrar el movimiento, la transformación y lo  incesante en la reproducción de la vida.
                                       
Última cosa por decir, poema en la página 45, dice Mara :

acercándose el libro al rostro
como para soplarlo
como para soplarle todas sus palabras.

(45)

Y haciendo honor a mi versión en pdf voy a repetirlo:

acercándose el libro al rostro
como para soplarlo
como para soplarle todas sus palabras.

(45)

Acerquémonos a Sal de magnesio para soplarlo, echémoslo a la tina, ya dependerá de cada quien si se sumerge o flota, si se prefiere inyectado o tomado, si alguien espolvorea sus tréboles o pone a remojar  lo encarnado.



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