Mostrando las entradas con la etiqueta poesía cubana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta poesía cubana. Mostrar todas las entradas

lunes, marzo 23, 2015

"Me dijo insecto porque quise su luz", Yansy Sánchez

La niña de la cabalonga me dijo insecto porque
quise su luz, y ella frota sus manías en la
piel de los turistas. Quise ver cómo saltaba
a gastarse en otras latitudes, otro comerciante. No
como el pájaro que yerra en la transparencia
o mosca que se rompe contra el brillo; sino
como el que acuerda precio y equilibrio para
verla que frote su costumbre, se descomponga,
y yo pierda ese afán de insecto por arrojarme.



Yansy Sánchez (Cuba), en Maldita sea.

miércoles, marzo 18, 2015

"Voy a seguir siendo su enemigo", Carlos Augusto Alfonso



Siempre estoy

aunque me quiebre el pescuezo cuando pase el impala
voy a seguir siendo su enemigo
aunque grite en inglés mamy rocanroll
voy a seguir siendo su enemigo
aunque espere el descongelamiento de Disney
y la levis strauss sea mi guananí en La Vigía
voy a seguir siendo su enemigo
aunque mire por el hueco de la penhouse
o mueva alguna vez la antena hacia el trece
voy a seguir siendo su enemigo
el de la aereotransportada
con malacrianzas en la boca
si el complejo militar industrial me obsequia un presente
(y espero que nadie me lo arrebate)
voy a seguir siendo su enemigo
si especulan con el trigo o intervienen en china (no interesa)
si descabezan una empresa mixta
y absorben la fábrica de mi ojo de repuesto
voy a seguir siendo su enemigo
voy a seguir siendo su enemigo
aunque me enternezca la calcomanía y
me quiebre el pescuezo cuando vea el último impala.



La corriente del niño

Ciertos informes indican que el niño
puede volver .
Del periódico científico Rasmusson
claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali   en potosí   en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vio y no vio
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
      castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchoveta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
      presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho    y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea    que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.


Carlos Augusto Alfonso (Ciudad de La Habana, 1963), en la antología Retrato de grupo, 1989.



jueves, enero 22, 2015

Poemas de Ángel Escobar (Guantánamo, 1957- La Habana, 1997).

Epigrama fatal

Quién fuera Isolina Carrillo -
que compuso Dos gardenias,
un bolero que escucha toda América,
y no Ángel Escobar -
que escribió Abuso de confianza -
tuvo que pagar para que lo editaran,
y no lo lee ni su primo más cercano.

Cierto forastero

Aquí en Chile uno se vuelve antipoeta;
pero nunca llega a ser Nicanor Parra-
y nunca, nunca, nunca
tendrá una casa en La Reina.
Ve bustos de Neruda -
pero como tiene que tomar dos buses
para llegar hasta su aburrimiento,
y no tiene dinero, no los compra;
ni tiene, ni tendrá nunca, Cien sonetos de amor
para enamorar a una estudiante,
a una sola, que tenga deficiente en Castellano -:
ella, u otra, a lo mejor no saben si Huidobro
era descendiente del Cid Campeador;
pero seguro sabrán que tenía renta -
y él, nunca, nunca, nunca, pero nunca
tendrá una cosa ni la otra,
y, además, no escribirá Altazor -
lo que no es un detalle.
No verá los piececitos fríos que vio Gabriela Mistral -
ni tendrá el Nobel;
no se comerá tres vaquillas sentado en su leyenda
como Pablo de Rokha –ni sufrirá como él–,
ni tendrá El molino y la higuera, como Jorge Teillier.
Será, y no hay desmedro en ello, será, digo,
siempre un forastero.

La conspiración de los necios

Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí: tiremos cualquier cosa a las brasas-
aunque sea un hombre:
sí: volvámonos caníbales -
eso da prestigio y fama -
eso hace que uno deje un trazo
como hace el caracol sobre la tierra -
si es que la Tierra es algo.
No todos podemos ser próceres piadosos.
Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí: fumemos bastante; fumemos de todo;
fumémonos el todo: hasta que nos de cáncer -
el cáncer sí que es Creacionista -:
ahora mismo está haciendo que se pudra
la rosa en este problema.

Poblador

Yo vine al mundo de visita
para crear dificultades.
Puede que sea un ángel o un camello.
Tomo una piedra y sé cuál es, entre todos,
mi resguardo. Amo aún el cuchillo
con el que maté a un hombre - lo herí;
pero en mi intención ya lo había matado -
después dos de sus primos, o amigos, o compadres
me mataron a mí; quizá sólo fueron
simples desconocidos, o no: todos los hombres
tienen un parentesco, y todos se conocen;
y ni uno solo es simple.
Tuve una hija a la que tal vez le di el nombre.
En los cines, creí ser mexicano, japonés o italiano.
En la calle fui El Chino. En la infancia,
si es que algo puede llamarse de ese modo,
perdí todos los enlaces posibles con lo real -
fui un huérfano. Me golpearon todo el cuerpo;
pero yo tenía una candela viva. Dormí
en los parques y en el rencor de mis tutores.
Tengo una foto entre uvas caletas donde parece
que soy una persona. No cumplí veinte años.
Amé a más de cien mujeres. Robé en los barrios
altos. Tuve hermanos que padecían su soledad
como si fuera de otros - ahora uno de ellos
me recuerda, con su melancolía desastrosa;
mas yo me aparto de él: puede que haya ido
a la Universidad; pero eso no lo mejora,
y como cree que sigue siendo un hombre
y que está vivo, es un canalla, ruin como tú y como todos.

Cuestiones

No nos quejemos más:
todas las épocas fueron terribles,
todos los tiempos difíciles.
Ahí tenemos un consuelo.
Y, si es que necesitáramos otro -:
que todo vuelva a empezar donde termina
y vuelva a terminar en donde empieza.
Y hay más para el quejoso:
si el tiempo es lineal,
tomémonos el café con azúcar;
si es circular, y todo es el retorno de lo mismo,
tomémonos el café con sacarina,
por si acaso;
o renunciemos al café -
porque los pasos que da Dios, sigiloso,
o Ud., o cualquier otra señora, o señor,
hay quien los lee en las heces,
esos malditos trazos que quedan en las tazas,
cuando uno olvida que los cafetos son de Arabia -
donde impera el Islam, y uno se encuentra
con árabes, por supuesto, que, para peor desgracia,
toman su café bien descafeinado.
Yo no tengo dinero;
pero eso es otra cosa.

El verdugo

El verdugo palpa el cuello de su mujer
y lo encuentra frágil y culpable;
roza el cuello de su hija adolescente
y lo encuentra frágil y culpable.
Se va ante un espejo y ve su cuello
frágil y culpable, indigno de su labor.
Toma todas las monedas que le ha dado
la Usura, el Poder, por el pago de sus gestiones
y se va a ver al sicoanalista, y le paga—
el sicoanalista encuentra su cuello normal;
sin hora y sin después, el verdugo vuelve
a su mandato: destrozar cuellos frágiles
y culpables, para dejarlos sin hora y sin después,
para ponerlos normal como su cuello.

Un poco de antipoesía

Quién fuera Bob Marley
para gustarle a Violeta,
la hija de Lucrecia Brito
que, según Juan, se parece a Michelle Pfeiffer-
aunque Bob Marley sea negro y esté muerto,
y aquí, como en cualquier lugar,
sea más conveniente ser blanco y estar vivo.

Hilo acosa

Hierro al anhelo, al roce de la melancolía. 
Hierro a los ojos que vuelan ante ti
como ninguno. Al pie puesto en la danza,
hierro; y a la mano que no transige ni se cansa, 
hierro - ; a la cabeza, al plexo, al pulso,
hierro: chasquidos, punto, fiera: golpes,
galope, abuso sobre la espalda del deseo - 
herrumbre, pudrición; y a una costumbre,
a un vicio, hierro: dónde poner los párpados - 
zahieren, te meten en el frío procaz, sabacanecucho, 
idiota: vuelta ante ti: hierro al pájaro,
al duende; mutilado de ti, nada te inventa -
hierro que rechina y salpica, mundo ciego -
hierro, azogue, taladro, cercena, perforando
la dicha, el cráneo, el útero-rompiente,
huérfano, desmedido, chiquito: un verbo, un verbo 
para parar la seña, el arquetipo, la forma -
un verbo, una presencia, alguna zarza al fuego, 
granos, una caricia, y no a la harina hierro, no - 
por qué entre hierro e hierro la boca del corazón 
se aterra - : párale, párale; párate, mendaz Imperio, 
fúgate; saca ese atroz punzón de mis entrañas; 
déjame al menos sueño, vigilia: este desierto 
blanco me aniquila, y cuando llego al borde,
al límite - espejismo, sinfín -, tan sólo encuentro 
hierro. Hierro. Hierro.




Ángel Escobar
En El examen no ha terminado. La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1999.