domingo, julio 29, 2007

espacio muerte amor
poemas de Roberto Juarroz

(1925-1995)

un espacio

Un espacio
no puede borrar a otro,
pero puede arrinconarlo.
También los espacios ocupan un lugar,
en otra dimensión que es más que espacio.

Hay espacios con una sola voz,
espacios con muchas voces
y hasta espacios sin ninguna,
pero todo espacio está solo,
más solo que aquello que contiene.

Aunque todo espacio
se confunda al fin con todo espacio.
aunque todo espacio
sea un juego imposible,

porque nada cabe en nada.



poesia vertical 3

¿Por qué las hojas ocupan el lugar de las hojas
y no el que queda entre las hojas?
¿Por qué tu mirada ocupa el hueco que está delante de la razón
y no el que está detrás?
¿Por qué recuerdas que la luz se muere
y en cambio olvidas que también muere la sombra?
¿Por qué se afina el corazón del aire
hasta que la canción se vuelve otro vacío en el vacío?
¿Por qué no callas en el sitio exacto
donde morir es la presencia justa
suspendida del árbol de vivirse?
¿Por qué estas rayas donde el cuerpo cesa
y no otro cuerpo y otro cuerpo y otro?
¿Por qué esta curva del porqué y no el signo
de una recta sin fin y un punto encima?


hemos amado juntos tantas cosas

Hemos amado juntos tantas cosas
que es difícil amarlas separados.
Parece que se hubieran alejado de pronto
o que el amor fuera una hormiga
escalando los declives del cielo.

Hemos vivido juntos tanto abismo
que sin ti todo parece superficie,
órbita de simulacros que resbalan,
tensión sin extensiones,
vigilancia de cuerpos sin presencia.

Hemos perdido juntos tanta nada
que el hábito persiste y se da vuelta
y ahora todo es ganancia de la nada.
El tiempo se convierte en antitiempo
porque ya no lo piensas.

Hemos callado y hablado tanto juntos
que hasta callar y hablar son dos traiciones,
dos sustancias sin justificación,
dos sustitutos.

Lo hemos buscado todo,
lo hemos hallado todo,
lo hemos dejado todo.

Únicamente no nos dieron tiempo
para encontrar el ojo de tu muerte,
aunque fuera también para dejarlo.

sábado, julio 28, 2007

miércoles, julio 25, 2007


Nena, disculpa,

llevas un venado
en la cabeza





Muchos de ustedes saben, y muchos otros no, que desde poco después de comenzar esta bitácora fucha me mudé a un lugar bucólico y remoto en el Midwest americano. Entonces me dio con los venados, porque los veía por todas partes y cuando te los encuentras te miran con un vacío fulminante que me hacía preguntarme siempre que los veía qué hacia yo allí.

Por algún bizarro azar, se mezclaron con las bicicletas, entonces eran
venados y bicis, y luego lo peor fueron los sucesos biográficos que me acontecieron. Me robaron cuatro bicicletas en un año, me caí de un caballo y al mes me caí de una bici y me rescataron los bomberos. Sobreviví, hasta el momento.

Ahora me mudé de nuevo. A un pueblo en el que he vuelto a conseguirme bicicleta, pero lejos de los venados. Al menos por el momento, como ya les dije. Sin embargo, el otro día en la Feria de arte, conocí a esta chica llamada
Ruth Marks que hace esculturas. Cuando vi “Fawn bust”, como se imaginarán, le dije que era la historia de mi vida. Sonreímos y le expliqué brevemente por qué. En eso un hombre interrumpió y me preguntó de un modo medio burlón que dónde iba a poner la escultura si la compraba. Yo le dije que en la cocina. Reímos. Resultó ser su tío. Parecía que se llevaban bien ellos. Era como su tío de parte de madre.








También tiene otra escultura de un mono, que me recuerda a una pintura de John Wilmot, la más famosa, con todas sus consecuencias (apropósito de la película de Johnny Depp, El libertino, sobre el personaje, está buena)-En fin, le dije también que en el calendario chino yo era mono. Me dijo Ruth que ella quería ser mono, pero que era rata. Yo no sé mucho de ese horóscopo, pero me gusta este mono que mira mientras ella cierra los ojos y se entrega a la mirada del macaco, pensé.





Las obras se titulan "Fawn bust" y "Monkey girl".

lunes, julio 23, 2007

este aguacero fue
hace poco y ya se evaporó



llueve y supongo que llueve también
en la cercana orilla del sur
donde nos conocimos
supongo que llueve y que las gotas
infartan los planes huidizos de lola
que estuvo todo el fin de semana
tramando lo que haría si tu no regresabas
porque ella, como nosotras,
sabe de las partidas lo mismo
que de los recibimientos.

llueve, natalia, o parece que va a llover,
y el condicional no remeda
que estuviste aquí
como cuando pasa flotando
una espora que se quiere atrapar
pero que huye como una felina mansa.

tu salida fue tranquila, nos hicimos sándwiches
y fumamos un poquito
como si la cotidianidad
remplazara los sudores que nos reservamos
en mi caso, esperando una ocasión
menos dramática, en el tuyo
aseverando el estado de la razón sobre la de los cuerpos sin relato.

domingo, julio 22, 2007

Me inventé una teoría para no decir tu nombre y me arrepentí inmediatamente

En esa casa, las camas se multiplicaban
como avenidas.

La casa de los armarios
infinitos era redonda,
aunque no lo parecía.
En las esquinas,
los zapatos hacían
fogatas para recuperar la vejez
de los rincones.

Los rincones que roen
a coro con la singer.

La singer lo ocupaba todo.
Desde la superficie de los muebles,
hasta los interiores de los dedales.
Era como dormir en una casa redonda
de retazos.
Y así es como es ciertamente.

Las tazas
El libro verde
Los placemats
Ya hasta los matorrales
me hablaron.

Y dudo que las hojas de recao te sobrevivan.

Breve recuento sobre simulacros

Sobre Performance Studies: An Introduction, de Richard Schechner

En este libro sobre los estudios del performance Schechner le dedica en el capítulo “Performativity” un segmento al tema de la “simulación”, o simulacro. El autor escoge un fragmento del texto de Baudrillard “Simulations” para tratar el tema. “Disimular es pretender que no se tiene algo que sí se tiene” vs “Simular que sería pretender que se tiene algo que no se tiene”. Apropósito del concepto, Schechner dice “Simulation is neither a pretense nor an imitation. It is a replication of itself as another. That makes simulation perfect performatives” (117). ¿Qué ocurre en el espacio poético sino la simulación de una voz otra como si fuese la del poeta? En el discurso poético, las voces líricas pueden entenderse en tanto replicas del sujeto real como un Otro. Pienso por ejemplo en los planteamientos de Bousoño sobre “la comunicación imaginaria del poeta y la comunicación real del personaje que figura en el poeta” (48): “no el poeta, un personaje que figura que es el poeta se comunica objetivamente con nosotros en la poesía” (48). Aquí entonces cruza el postulado de Schechner “There is no difference between copy and original” (118). Esto es que el artificio poético, los desdoblamientos de voces, en tanto acciones performativas no carecen de “verdad”. La identidad poética se construye a partir de la distinción entre aquello que la voz lírica pretende tener cuando no tiene (una voz real cuando en realidad es un artificio que sobrevive solo dentro del discurso poético) y aquello que simula (una voz que comunica histriónicamente un contenido síquico). Si el performance es analizado como texto (Schechner, 192), se puede analizar el texto como performance.



Sobre Homenaje al ombligo: Acabo de Morir, o el simulacro de la muerte

El poema de Anjelamaría dice “Acabo de morir/ y que mi muerte/ sirva de grito hondo a mi garganta/” (18). El performance poético implica la repetición de una “primera vez” que es el acto de escritura. Por tanto, la relectura del poema puede entenderse como un simulacro. “La repetición, sin la que no habría podido existir “primera vez” abre la memoria, de luto por esa primera vez imposible. Pero abre también, de golpe, el terreno del simulacro”. (Derrida, 213). Si simular, como señala Baudrillard es “pretender tener algo que no se tiene”, ¿ qué mayor simulacro en el discurso poético que el de la muerte? El performance poético, tomando como referencia lo esbozado por Liptak en el libro Schechner, puede entenderse como el proceso que va de la vida real a la pretensión de una espontaneidad que es ficticia (la repetición) a la actuación: la conclusión sería la simulación, antes del regreso a la vida real. Es decir, la consumación del performance puede entenderse como una reflexión/metonimia de la muerte.


Sobre Animal Fiero y Tierno: Simulación de la oralidad


La poesía anclada al simulacro de la oralidad... Schechner define el concepto de performance text como “Everything that takes place on a stage that a spectator experiences” (193). La poesía, supongo que a veces, crea el artificio de la oralidad, es decir la simulación de una experiencia inmediata del texto como si fuera la experiencia en tiempo real del poema. En “Animal fiero y tierno” Anjelamaría Dávila explora profundamente la cualidad oral del texto, su potencia vocativa. Pienso en poemas como “Cercamente lejos”:

Cercamente lejos
de esta pequeña historia
expandida hacia todo deteniéndose
se oye que dice:
qué importa tu tristeza
tu alegría- (14)

El desdoblamiento de voces en el espacio poético es un simulacro de la multiplicidad del sujeto poético, un acto histriónico que reproduce una experiencia en el espectador-lector como el performance.

Con el recuerdo al hombro,
Pero fíjense, ¿ah? Qué muchas trampas hondas nos detienen. (15)

El mismo día del natalicio de Ramos Otero, fuimos a un café cerca de la biblioteca. En mi cartera llevaba “El libro de la muerte”, “Invitación al polvo” y la película Michael, dirigida por Carl Theodor Dreyer, en 1924. Cuando leímos “Metáfora contagiosa”, percibimos que la fecha redundaba y que se sentía una compañía truculenta de fauno en el Hades esa tarde. Metcalf y Ramos Otero se fumaban un cigarro eterno en el Cuarto Mundo y nos miraban.
Metáfora
contagiosa



Según Autoridades, el cáncer:
“ es un tumor maligno duro”
amarilloso vómito de azufre
arcano calamar de tinta negra
que estrangula el burdel de las arterias.
Los Antiguos ( mejor dicho, los brujos
miserables del primer bautismo)
sintieron el terror de un símil cósmico:
las patas luminosas de la nada divina
al verse en el espejo de la carne humana,
como Platón, volvieron a la cueva del cangrejo.
¿Qué sumisión, qué hastío,
que profecía falsa les hizo comparar
mi nacimiento con mi muerte?
¿Qué les hizo pensar (según
la solipsista Susan Sontag)
que si a la Dama de las Camelias
diosa de Hollywood y del romanticismo
la consumió la flor de la tuberculosis,
a mí, fantasmal morador del Siglo Veinte,
jodido juey del Trópico de Cáncer,
me tocará la tumba del tumor de moda?
El 20 de julio de 1969 invadían la luna
y yo cumplía veintiuno en una hospitalaria
cárcel de Harlem. Allí me curaron la poesía,
el suicidio y la locura del mendigo del amor.
Antídotamente aprendí los Ahoras.
He sabido desde entonces que aunque
los griegos, los judíos y Borges
hubieran descubierto el enigma
de quel papel aguanta todo lo que le pongan
todos llegamos al mismo laberinto:
Odiseo vendiendo queso de cabra en una esquina,
Salomón filmando versiones de la Biblia
y Borges vistiéndose de Evita en Broadway.
Como el cangrejo canceroso de mi corazón
la historia camina para atrás,
Es un crustáceo enfermo que
confunde las metáforas
y nunca es invitado a recitar poemas.
Y sabe (sobre todo) porque siempre
ha vivido en un hoyo en la arena,
que su otro yo son las estrellas
y que la muerte no es otra cosa que un pasaje
hacia un sobrepoblado Cuarto Mundo.



Ramos Otero, Manuel. “Metáfora contagiosa” en Invitación al polvo. San Juan, Plaza Mayor 1991: 50