domingo, agosto 24, 2008

“ISTORIAS DEL FRACASO”
Quince
Joserramon Melendes
En En Rojo, Claridad

E ESTADO RESICLANDO POLIYA. Como limpio la
casa una bes al año, me parese prudente mirar si
no se ba un poema entre las raspas de papel i los
restos de toner. I a resultado un entretenimiento
tan bicario -o sea: susedáneo de dios- como
tensar los bersos. Porqe ago unos pegotes con
los sólidos, los enyunto (zeugmas) i ensamblo
como esculturas. Qe un día benderé. No te boi 
a ablar de la muerte Pedro, chico,
no te asustes: Ya estás lo sufi sientemente
muerto tú mismo por tu cuenta para albar, ablar
redundansias. Anjela, broder, no te espantes las
letras de ensima: No te boi a conjurar el buelo qe
elejiste [‘no boi a conjurarte..’ daría un alejandrino
qe no boi a agredirte -los berbos riman].
Descansen, sí, descansen.

El Biejo me lo dijo, también para morirse, un
año antes. Sin afeitar -nunca lo abía bisto yo asíme
resibió: “Esta mañana, cuando miré al espejo,
lo qe bi fue el rostro muerto de mi padre.” No sé
si en dodecasílabos, qisá lo edito. Aunqe no sería
raro qel ijo de Darío legara un testamento tan
medido; raro qisá sería lo contrario.

Cuando se murió Anjela -se dise fásil-, yamé
a Pedro a Nuebayor. Como un látigo por ensima
del Adlántico respondió instantáneamente [e
probado todos los órdenes de estas cláusulas]:
“Está mejor qe tú i yo: descansando.” Lo sé, lo
sé. Cómo no lo iba a saber si me dejaron solo. Lo
tengo qe saber sin compartirlo.

Ya ese mismo año anterior, en el ospital, el
Biejo declaró: “Siempre supe de lo qe iba a morir:
moriré de cansansio” —el ‘morir: moriré’ literal.
Pedía permiso para irse, i nadie entendió. Se
creían los sensiyos qe rencarnar tres beses no
destruía las mitosis, ensima de las bértebras por la
ipersecresión de adrenalina en tantas cárseles.

Anjela, amor, sé qe era duro ser más Julia qe
Julia, lo comprendo perfegtamente, como un
macho. Pedro, mi ermano, mantener guardia en
la frontera de la frontera -Puertorrico de América,
Nuebayor de Puertorro-, ¡Biednán fue bacasiones,
man! Biejo, cuatro jenerasiones mamando de
los cayos del trabajo sin reconosimiento, ¡uao!,
lo cojieron de patita. Anjela, Pedro: desidores,
cantantes, entertéiners, acróbatas de jestos; es
mucho. I de jestas, los tres.

•Los nuebos administradores, como siempre
con sus nuebas porsiones, baten nuebas posiones
para ablandarnos la dura resistensia. Les corroe
el bolsiyo -en qe guardan su identidá- qe los
nasionales atentemos desbaratarles las aduanas
alqiladas. Son más espiritistas qe nosotros con sus
ponsoñas, fíjense: los areitos taínos ni
los bayús angolos trabajan con tanatos.
¡Ai! perdonen mis santos, qe prometí
no ablarles de la muerte. Pero estoi solo.
Ustedes con su bida redondeada, sus glóbulos de
lus ya entre los átomos, ya limpios. Perdón, perdón;
no me boi a qejar de ser yo el muerto. Con tantos
borjes en el agua del cristalino, claro, no sería raro
otro oxímoron -morón agudo- más.

Pedro se puso jincho cuando supo qe para los
cubanos él también era un intelegtual. No sabía
qe al lado ayá de la cultura acá solo como capital,
intelegtual signifi caba otra cosa qe traidor. Se lo
expliqé con calma. Pero no contestó, de todas
formas, ninguna de las preguntas qe le dirijieron
en laHabana como a un profesor.

Anjela dio tayeres de poesía, cómo no; pero prefería
la Estética pura de la cosmetolojía. I un rincón solitario
-yeno de trosos, de talismanes- para escribir sus poemas.
Rincón, trosos, poemas: lo único suyo qe tubo,
qe al cabo eran sus semíes para todos, suyos
solo ese instante de la consebsión, como la
otra, mai.

Pedro escribía por la mañana: Si no tenía un
poema nuebo en la sesera, pasaba los poemas
biejos en maqiniya. También escribía a otras
oras, pero la mañana era de la poesía.

El Biejo cuando joben, fumaba. Persegido,
escribía los poemas en los papelitos aluminados
-iluminados serían después- de las cajas de
sigarriyos. Manolo El Leñero, se sabe, lo escribió
dos beses de memoria. Confi scado el primer
manuscrito, la segunda edisión nemotégnica
pudo salir de Atlanta en papel sanitario. ‘Juan se
llama el Leñador’, conjuga consagrando Neruda
su legtura del ¿43? en su Canto General del 50
(‘Que despierte..’, 48).

•La bida es un milagro defi nitibamente.
Qe se pueda morir, perdón , trasbibir después
de aber dolido tanto, de aberse negado tanto
-aber sido; es un milagro masayá del milagro,
bálgame. El qe se qeja es bruto: Yo, bibo con
cojones, o con intermitensias, frente a estos
acabados -en el sentido artístico-. Serán caídas
de la adrenalina, las endorfi nas, un bajón de
sinabses, qé sé yo; males de intelegtual, traidor
o de los otros, esta pansa qejote. Porqe si la
poesía fuera una corriente fi ja, Darío, daría
estos bestias. Qe los dio, ¡baya!

Bamos a resiclar la muerte, a ber si no se
ba un poema entre sus crestas lebantadas.
Ararla; aser unos enyuntes -zeugmas, yugos
(de arar)- con los gases, ensamblados como
esensias, i regalarlos para perfumar semíes.
Pudo aber sido peor, pude estar biudo. Pero la
muerte no me qiere tanto, no me regala nada.
Prefi ere aserme biudas, porqe me tiene miedo.
Le gustan los felises, realisados.

No me esperen tan pronto en el asoge del
espejo, en cantos, ermanitos de encanto. Boi
a sacarle otros cantos -bloqes, cansiones- a la
muerte, a aserle más maldades, por ustedes. Qe
se mueran los bibos, qe descansen.

1 comentario:

  1. wauu.

    istoria pura, se me paran los pelitos.

    que fuerte mara
    quiero abrazar lo que nos quede

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