domingo, noviembre 06, 2005

Usted, ermitaño




¿No ves
la cortina estremecida,
ese papel revolado
y la soledad frustrada
entre ella y tú por el viento?

Far West, PEDRO SALINAS

Si tomamos por cierto que hay un lago cuyo origen se remonta al zumbido infinito de insectos hemípteros llamados cigarras, podríamos decir que al primero de estos insectos se lo comió un pez por intuición.

Si suponemos que en el medio del lago hay una plataforma flotante de madera y que allí llegó nadando una mujer, tomando todas las precauciones necesarias para que no se le humedeciesen las yemas de los dedos, podemos dar por sentado que esa mujer también lleva consigo una libreta y un lápiz.

Una vez estipuladas estas condiciones, cabe pensar en el resto de la fauna que rodea el lago. Se ha probado que las cigarras se alimentan de otros insectos eternamente rojos, pero mudos, con diez patas, cinco a cada lado. También habitan en los alrededores unas cuantas especies de mamíferos que se comen entre sí, siendo éstos de tamaños similares, estando al final de la cadena alimentaria los insectos eternamente rojos y las semillas de los árboles que circundan el lago. Teniendo clara la existencia de flora, dígase cedros y pinos, es pertinente destacar la edificación de ciertas estructuras humanas cerca del lago, como usted y yo sabemos, vacías.

Sé que debe estar preguntándose si soy yo la mujer que llegó nadando a la plataforma de madera en medio del lago. Eso, audaz ermitaño, es obvio. Sin embargo, no se preocupe, no haré mella en su falta de juicio. He llegado hasta aquí por dos razones: para estar sin usted y para que le sea imposible rastrear mis pisadas, porque nadando no se dejan huellas.

Hay una tercera razón, quizá más importante que las anteriores, por eso no la junto con aquéllas. Cuando una mujer llega nadando a la plataforma flotante en medio del lago, las cigarras macho lo interpretan como un fenómeno de la naturaleza, una especie de eclipse. Así que todas a la misma vez activan el aparato en sus lomos que emite el zumbido infinito con tal ímpetu que consiguen interpretar las partes que le corresponderían al cíclope en una opera inglesa pastoril, para ser más específica, Acis and Galatea de John Gay.

Consideremos que las vibraciones transformadas en la voz de la bestia mecen los risos de la mujer ensordecedoramente. La mujer en la plataforma en medio del lago yace acostada y cada vibración acústica de cigarra penetra en su piel como un beso de cíclope, mientras las cigarras macho en pleno verano emiten ese sonido turbulento y avasallador.

Usted, ermitaño, ¿cuánto sabe de hemípteros? ¿Sabe lo que va a ocurrir? Supongamos que sabe que la mujer llegó al medio del lago huyéndole, pero que en el medio del lago es donde más cerca se siente de usted. ¿Es usted un cíclope? ¿Es usted un personaje de una opera pastoril? ¿Es usted el zumbido de las cigarras infinitas?

El lector sabe que las cigarras que emiten todas a coro un zumbido como un cíclope están prontas a morir y, cuando esto ocurre, está probado que toda el agua del lago se evapora. Cabe suponer que, por intuición, la mujer se dejará comer por el último ermitaño.

2 comentarios:

  1. mara wow. esto es hermoso! mi parte favorita es eso de q nadando no se dejan huellas... y recordar los besos de cíclope, claro.

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