domingo, octubre 01, 2006

Vuelta


El gato de Julio se llamaba Teodoro Adorno. No por ello leo hasta las dos de la mañana, bajo la luz de mi lamparita roja, como de diseño animado, un libro tan delicadamente pesimista como Minima Moralia. No por ello leía el miércoles por la tarde, junto a la ventana, velando el silencioso pastar de los venados, “El perseguidor”. Resulta que hasta ese día no había visto a los secuaces de Diana en los alrededores, tan cerca. Tres. Entonces, mi mirada era hacia los venados como un perseguidor hacia un pianista en tarima. Un pianista llamado Felisberto, tal vez.

4 comentarios:

  1. Agradable sorpresa encontrarse con este comentario sobre "El perseguidor", uno de mis relatos favoritos de Cortázar. Lo he citado en varias ocasiones y es estimulante constatar que compartimos esa cicatriz, especialmente en esta instancia generosa que es tu blog, que es al fin y al cabo un don para la mirada, un fogonazo ético-digital, si se me permite expresarlo de manera filosófica... Al fin y al cabo de lo que estamos aquí es de la seducción del lenguaje, que es como una araña que teje vasos comunicantes. En "El perseguidor" Cortázar prefiere decir que las palabras son como una baba que te vincula con los demás, pero la red es inmensa y perderse en el laberinto es una locura y es un placer.

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  2. Ahhh, si te refieres a Felisberto Hernández, que además de ser un escritor genial (subestimado por Borges en su momento) también era pianista, tiene un cuento surrealista ("El balcón") donde la vajilla habla, o casi habla... A veces pasamos por alto la brutal contundencia de los objetos, la relación de la taza con mis dedos, esos signos que nos persiguen para que les demos forma en la escritura y en el arte... Y basta que te invadí el blog con esta perorata.

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  3. Invádolo usted, que me da alegría saberlo por estos lares. Si, he estado con "el perseguidor" y con Johny Carter, y tengo algo de Felisberto que quiero bloguiar hace días, pero no puedo bajar las imágenes que quiero. No sólo Borges, sino la mismísima mitad de la academia uruguaya (dígase Rodríguez Monegal), le hicieron la vida de cuadritos porque no lo supieron leer, porque no se parecía nadie. Ojalá pudiera dedicarme a bloguiar fogonazos ético-digitales, como dices, un abrazo

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  4. Anónimo9:17 a.m.

    Desde hacía ñaos rehuía a Cortázar a partir de un amargo intento de lectura de Rayuela pero desde hace meses lo he redescubierto a partir de los cuentos.
    No usaré este espacio para hacerme una masturbación mental, sólo diré que salud por Cortázar, el hombre en cuyas enormes manos parecían estar concentradas las manos de todo el mundo.
    Salud desde esta orilla.

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