jueves, febrero 16, 2006

llave severa y la diabla

Por Yara Liceaga
(fósil robado de Resultado: Severina)
Quién cierra, pregunta ella con la llave caída al suelo
a esa cosa se le da forma.
toma los mensajes curvos, los plancha, los hace de piel
y luego los colorea,
como cuando la tarde redobla su esfuerzo por preservar la postura.
yo voy y me le acerco de a poquito.
entre uno y otro labio cambia de parecer, pero en cuanto se asusta,
él aparece.
por mi mente pasa el mundo con los ojos turbios.
una camisa es suficiente, pienso,
colocar la salida en el lugar mas cómodo y no detener nunca un párrafo
pedregoso.
que tenga que montarse uno en él como en una yipeta.
en eso salieron ciertas melodías
como si lleváramos amplificadores a cada escena,
como si las secuencias en compañía tardaran en secarse
y tuviéramos que mirarnos, sin más.
y repetir creyendo que nadie nos escucha
esa parte que dice: no estás en esta película, no estás en esta canción.
quisiera uno.
El que no es infierno
la diabla insíste en quedarse fuera del juego. le digo que me envíe sus cosas, para poder tirar el teléfono con mucha más tranquilidad. a la espera quedo, siempre. yo descubrí hace poco que la diabla me toma por sorpresa estando ambos fuera. fuera del hábitat en que a usted le encantaría ubicarnos. nos amamos, eso sí, cuando observo el estiércol que completa el decorado de los faroles y me acomodo las tetas por encima de la blusa. que me ama, me dice, pero a esa tetita hay que hacerle algo pronto. yo quiero unas como las que tú tienes, respondo. no se de qué hablas. te lo juro. contesta.
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Yara Liceaga- (Hato Rey, detrás de la Milla de Oro, antes de los 80)- Ella me llama por teléfono con sus changuerías, me levanta como los gallos porque se le olvida que aquí hay una hora de diferencia. Yo en cambio la llamo de madrugada. También la despierto. Yara lleva una década publicando en periódicos y revistas, pero el tan esperado "Memorias de mis escaletas tristes" [sic] aún no ha sido publicado. Los escritores Katia Chico, Pepe Liboy y Rafa Acevedo se han detenido en el valor estético, histriónico y poético del fenómeno Liceaga y otros como Manuel Clavell, Guillermo Rebollo-Gil y Mara Pastor la han engullido, intercalado y hecho parte de sus estilos y visceversa.

5 comentarios:

  1. Liceaga no es una leyenda. Es una escritora sangrienta. Las letras, el poema, los tiene circulando en las venas. Eso no significa que no tiene disciplina. Yara escribe con la disciplina loca de los escritores con talento, o se asfixia. No hay otra. Ese libro está hecho, faltaría armarlo. hay que esperar que Acevedo o Liboy rescaten las hojas sueltas y la amarren. A ella. Para llevar los textos a una editorial que no sea de las que cobran por publicar. Ella merece una de esas que aunque no pagan, tampoco cobran.

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  2. estos textos de liceaga hacen rechinar la máquina del lenguaje/ palabra empujada a espesor de holograma / felpa y combustión en un mismo precipicio /estos textos de liceaga hacen rechinar la máquina del lenguaje /zumbido esquizo

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  3. Liceaga está recluida en el Panamericano, me lo dijeron las monjas de la Dulce Nombre de Jesús, en Caguas. La estuve buscando, me enganchó, porque yo tengo complejo de diabla y ella no pudo. Sé que eso no tiene nada que ver con la reclusión, creo que fue voluntaria. La tienen dormida a base de Xanax y Artanes.

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  4. Elogio de la llave

    Como se juega la llave
    su esplendor metalico,
    la dentada caricia vacilante
    frente a la vecindad esferica del pomo.

    de nestor rodriguez, animal pedestre

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  5. Las primeras líneas me evocaron una simpática escena de la película Silence of the lambs, en la que el asesino sico va desprendiendo en tiritas la piel de una linda y obesa damita para hacerse un vestido de piel humana. Ah, también plancha la piel después de curtirla y dejarla tan suave como el velvet, lindo , lindo.

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