viernes, mayo 16, 2014

XXIV 


Love, we must part now: do not let it be 
Calamitous and bitter. In the past 
There has been too much moonlight and self-pity: 
Let us have done with it: for now at last 
Never has sun more boldly paced the sky, 
Never were hearts more eager to be free, 
To kick down worlds, lash forest; you and I 
No longer hold them; we are husks, that see 
The grain going forward to a different use. 

There is regret. Always, there is regret. 
But is better that our lives unloose, 
As two tall ships, wind-mastered, wet with light, 
Break from an estuary with their courses set, 
And waving part, and waving drop from sight. 



XXIV 


Amor, debemos separarnos: que no sea 
terrible ni amargo. En el pasado 
hubo demasiada luz de luna y autocompasión; 
dejemos que esto se acabe: nunca antes el sol 
atravesó el cielo más descaradamente, 
nunca los corazones tuvieron más ganas de ser libres, 
de echar abajo mundos y talar bosques; tú y yo 
ya no los contenemos, somos cáscaras que miran 
cómo el grano se emplea para un uso diferente. 

Hay arrepentimiento. Siempre hay arrepentimiento. 
Pero es mejor que nuestras vidas se desanuden 
como dos veleros llevados por el viento, húmedos de luz, 
que parten del estuario con sus cursos ya fijados, 
y separan las aguas, y se pierden a lo lejos. 


Philip Larkin, del libro The North Ship. 
Traducción de Bruno Cuneo, Cristóbal Joannon y Enrique Winter, en La cabina invisible.

miércoles, abril 02, 2014

Ritos


Cada vez que regreso
A mi país
                               después de un viaje largo
Lo primero que hago
Es preguntar por los que se murieron:
Todo hombre es un héroe
Por el sencillo hecho de morir
Y  los héroes son nuestros maestros

Y en segundo lugar
                                 por los heridos
Sólo después
                                 no antes de cumplir
Este pequeño rito funerario
Me considero con derecho a la vida:
Cierro los ojos para ver mejor
Y canto con rencor
Una canción de comienzos de siglo.

Nicanor Parra, En Canciones rusas

domingo, marzo 09, 2014

“Come, astronomer,/ and tell me your abysses./ That static that smashes/ into our heads every time we mend// a beginning.”
In this collection of twenty deceptively complex and intensely imagined poems, Mara Pastor has built a whole universe of post-futuristic melancholy. These poems, despite their brevity, take on the human condition – love and death – in a world of cosmonauts, scientists, space travel, and post-apocalyptic gloom. They are concerned with the fleeting nature of our time here on earth (and in space), our inability to connect with each other, and also with our fate as a species. The poet Noel Black has rendered this work in an American English so natural and fine that it almost feels inevitable. This is the kind of book you keep in your pocket and your head for a very long time.

Portada de Children of Another Hour.

Poemas de Mara Pastor.
Traducción de Noel Black.

Argos Books, Brooklyn, 2014. 


A la venta AQUI


domingo, enero 26, 2014

Breve sobre Monstruos de la poesía en el Antiguo Museo de la Poesía Contemporánea




Una silla verde estilo Acapulco y un póster con una imagen de una rueda de la fortuna que lee Antiguo Museo de la Poesía Contemporánea señalaban el espacio donde leerían los “Monstruos de la poesía”, convocados por el poeta Inti García Santamaría, el 25 de enero de 2014, en la colonia Narvarte, a las 8 PM.

La lectura, que contó con la participación de los poetas mexicanos Nadia Mondragón, Raciel Quirino y Luis Felipe Fabre y de la poeta argentina Valeria Meiller, comenzó un poco después de las 9 de la noche, cuando el espacio ya contaba con una audiencia atenta y dispersa por los rincones de la sala del Antiguo Museo.

La primera en leer fue la poeta Nadia Mondragón, que leyó unos poemas sobre un viaje a Turquía. “Alguna vez fui a Turquía”, repetía con voz afable y tranquila cadencia. La melodía de su poema se enriquecía de la repetición y aliteración sostenida por la búsqueda de una sensación que conectase canto y trote, hombre y caballo. Turquía era el viaje de unos niños que cantaban y ella solo podía escucharlos aunque no los entendiera, decía. Con un atuendo sobrio de lectora minuciosa y una voz bien entonada, la presencia de Nadia acompasó e inauguró de manera afortunada la noche de poesía.

Tras su lectura, le tocó el turno a Raciel Quirino. De su selección quisiera resaltar el último texto que leyó, un poema largo que narraba un rarísimo viaje atravesado por la historia “verídica”, enfatizó el poeta, de una mujer que escribió textos dictados a través de una tabla de ouija por el ente de Patience, una niña degollada por los pieles rojas. Una casa quemada, la escena frugal de un padre que se aseaba en el baño, la dialéctica fantasmagórica del dictado y el escriba, la sensibilidad espiritista de la niña transmigrada en la tabla y el acercamiento anacrónico de la voz de Raciel, con entonación y presencia algo ocluida, acaso a tono con el lenguaje del inframundo, daban buen cierre a su lectura.

Entonces vino Valeria Meiller, que introdujo su texto con la anécdota de haberlo escrito durante una residencia de escritura en la Patagonia en la que compartió con Inti y con otros poetas. Allí, rodeados de la Pampa y del final del continente, hicieron un libro colectivo del que nos leyó su aportación. En su poema, Valeria conectaba la soledad radical que puede llegar a provocar el campo con la espacialidad de los hospitales. El poema de Valeria contenía una especie de remedio contra la agorafobia al combinar el reverso casual de las dinámicas de espacios salvajes y agonizantes. Las mechas con manteca de un cielo inhóspito, nubes como habitaciones y definiciones defamiliarizadas, un afán de genealogía extraviada en el padre que no es, instancias de diálogo y una experimentada presencia vocal captaron la atención de una audiencia que emitía esos pequeños suspiros o chasquidos de cuando el poema los ha interpelado y sorprendido gratamente.

La lectura cerró con la intervención de Luis Felipe Fabre, quién comenzó con una reflexión, no del todo apologética, sobre por qué no se concibe como un poeta de poemas sino más bien de glosas a poetas y a críticos de poesía. Su poema narraba cómo todos los sorjuanistas llegaban tarde o temprano a la conclusión, ya fuera en una entrada en el cuerpo del texto o en una nota al calce, de que Sor Juana era un monstruo. Había en su poema un buen equilibrio entre poesía, humor y crítica irreverente de la crítica, que reafirmaba eso de que el mejor crítico es el que arriesga con el lenguaje el significado del texto haciéndolo poema. La toma de Sor Juana como monstruo, fénix improbable, criatura alada y deshilachada por la crítica glosaba igualmente a otros monstruos, a decir, sus críticos, que han hecho su pedestal, que han fijado con su lectura y han querido matar, como gladiadores de un novela de caballería, al dragón dentro de Sor Juana.

Hubo en general constancia del poema largo, de la transformación de espacios inciertos en instancias poéticas, hubo apego al texto y al micrófono y una sana brevedad expositiva que hace de cualquier lectura de cuatro poetas una experiencia concisa y fértil. Escuchar por primera vez a estos autores fue una experiencia grata y provocativa que deja, como rastro, la tarea de seguirlos y buscarlos en publicaciones y medios digitales. Sus voces heterogéneas y, sin embargo, acompasadas por el buen nivel de su poesía son buen augurio a mi nueva etapa de poeta caribeña en el dulce exilio defeño. Termino acotando que el Antiguo Museo de la Poesía Contemporánea y su curador Inti García Santamaría prometen un espacio íntimo y doméstico de buena poesía y de exposición monstruosa durante el 2014. Estén pendientes a las próximas fechas.


Valeria, Raciel, Nadia y Luis. Foto de Inti García Santamaría.

lunes, junio 17, 2013

Vientos alisios

 Vientos alisios: muestra de poesía puertorriqueña actual. Edición 179 de la revista Punto de Partida. Selección y presentación de Nicole Delgado y Mara Pastor. Ilustración/collages  Lorraine Rodríguez.

EDITORIAL
Carmina Estrada

DEL ÁRBOL GENEALÓGICO

    Poemas / Manuel Ramos Otero  

VIENTOS ALISIOS 2001-2013
MUESTRA DE POESÍA PUERTORRIQUEÑA ACTUAL

    Presentación / Nicole Cecilia Delgado y Mara Pastor
    Kattia Chico
    José Raúl González, "Gallego"
    Emanuel Bravo
    Urayoán Noel
    Chloé Georas
    José Miguel Curet
    Guillermo Rebollo Gil
    Xavier Valcárcel
    Rubén Ramos
    Yara Liceaga-Rojas
    Margarita Pintado-Burgos

http://www.puntodepartida.unam.mx/
http://www.puntodepartida.unam.mx/images/stories/pdf/pp179.pdf

jueves, mayo 02, 2013

¿Por qué ahora la palabra Kalahari?

¿Por qué ahora la palabra Kalahari?

Ha surgido de pronto, inexplicablemente...
Kalahari, Kalahari, Kalahari.
¿De dónde habrá surgido esta palabra
escondida como un insecto en mi memoria;
picada como una mariposa disecada
en la caja de coleópteros de mi memoria,
y ahora viva, insistiendo, revoloteando ciega
contra la luz ofuscadora del recuerdo?
Kalahari, Kalahari, Kalahari.

¿Por qué ahora la palabra Kalahari?


Fragmento del poema "Kalahari" de Luis Palés Matos en el Tuntún de Pasa y Grifería, 1937.

domingo, abril 21, 2013

 
Ilustración de Juan Carlos Mestre (Agua tinta).

Hay un niño escondido dentro de un bote. Tiene el pelo como el Principito pero ha explotado las pisadas de un puñado de cachorros. Ha hecho llorar a las niñas de los buenos vecindarios. El niño naufraga de todo. Se llena el interior de la barquita con su propia sangre como de la herida de su madre que lo defiende con la boca destrozada. El niño llora la muerte de su hermano y se pregunta la diferencia entre el dolor y el dolor.  En el interior de la barca su capucha es una escafandra que lo sumerge en la profunda luminiscencia de lo vasto. El niño se ve niño siguiendo al hermano a comprar dedos de novia. Calla el niño dentro del bote y suplica porque Sherezada distraiga a todos los periodistas a las afueras del navío encallado. El bote es una tumba. Encierra el calor que percibe el helicóptero con sus ojos infrarrojos como un buitre al acecho. Arrasado por tanto amor y tanto odio, siguiendo el rastro de la sangre del hermano, te imagino niño queriendo morir en la camilla fría de un hospital público custodiada por monstruos marinos.

sábado, enero 19, 2013


Adiós

Le dije que creía en Dios y se asustó. Le dije que había sido
criada en la iglesia protestante.
Ella me preguntó que si ya se me había pasado. “El qué”,
le respondí. “You don’t really believe, right?” Y yo le respondí con un
“hell yeah, I believe”. Me miró como si hubiera visto
al demonio.
Sonreí. Los ateos a veces pecan de cobardes.

India criada en Nueva York. Me hablaba de reencarnación
y hacía círculos con las manos. Descreía de todo.
“Soy un sujeto político”, decía orgullosa. “Soy un sujeto
construido desde la política”, y movía las manos, ya no en
círculos, sino como si estuviera echándose fresco. Yo la miraba
y pensaba en lo bonito de sus ojos tan oscuros, tan llenos de
ceniza, de ruina, de viaje.

Yo quise escandalizarla. Quise hablarle de la vida,
de lo eterno, de la fe, de los granos de mostaza, del odio,
de las guerras, de las plagas, de la poesía, del mar, del mar,
del mar.

Ella se levantó entre enojado y decepcionada. Se llevó
el refresco que se estaba tomando en la mano, y me dijo que
adiós.

Adiós.

Yo la vi, hermosa y marrón, dispuesta a seguir descreyendo.
De mí y de todos.
Fue ahí cuando la quise mucho.
Sus piernas eran dos hilos que hacían temblar el universo.

Me quedé sola, mirándola mientras se iba.
Repitiendo con necedad la palabra
Mar.



Ficción de Venado, Margarita Pintado.
La secta de los perros, 2012.